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2 de Agosto, 2006

La Suite de los Suicidas- III parte

Por Tankian - 2 de Agosto, 2006, 23:40, Categoría: Paranoids

Cerró la puerta a su espalda cuando encendió la luz de la entrada, no tenía nada que ver con la habitación, solía hacerlo siempre <<Si, claro>>, era una manía. No le gustaba entrar en una habitación y cerrar la puerta a oscuras.

La habitación sería de unos 30 m2, al entrar había un pequeño pasillo de unos 2 metros y medio, en cuya parte derecha estaba la puerta que daba acceso al cuarto de baño. El profesor abrió la puerta en cuestión, accionó el interruptor de la luz sin abandonar el pasillo y entró, dejó su bolsa encima de un pequeño mueble de baño sobre ruedas que había a la derecha del lavabo; en el mueble había una cesta con artículos de baño y en las bandejas inferiores las toallas, aparentemente limpias y suaves, si bien la idea de comprobarlo no le pareció afortunada al profesor, sin saber bien porqué. Sobre el lavabo un espejo grande cubierto con una fina capa de polvo, el director le había advertido de que la limpieza en esa habitación era superficial, y obedecía al mero instinto pulcro que se supone a todo buen director de hotel.

La bañera era más bien pequeña y de un tono amarillo pálido que claramente no era su color natural, en un estante en una esquina de la bañera había un perro de porcelana, un perro gris con las orejas en punta que enseñaba los colmillos; el profesor se acercó poniéndose de puntillas evitando tocar el borde de la bañera, le llamó la atención el detallismo de la figura, tanto que se habían moldeado varios insectos blancos que poblaban las patas del perro, la técnica empleada era tal que si miraba fijamente los insectos parecían moverse.

Dirigió una última mirada de asco a la figura, pasó la mirada rápidamente por el retrete y el bidet y salió. Abandonó el pasillo y encendió las luces de la habitación, tres bombillas de vela en la lámpara del techo y una lamparilla en cada mesa de noche. La cama era algo grande para ser individual y algo escasa para dos personas, estaba cubierta por una colcha rojo oscuro y el bulto de la almohada le hizo pensar en un niño muerto que descansaba ahí debajo con los brazos pegados al tronco, probablemente con los ojos abiertos.

Rió en voz alta ante ese pensamiento tan fuera de lugar y su propia risa le resultó amenazante, como si hubiera reído el niño muerto bajo la colcha y no él.

El espacio entre el pie de la cama y la pared era escaso porque ahí se encontraba el mueble sobre el que reposaba la televisión y tras cuya portezuela podía haber algo de alcohol…o una mujer amordazada y desnuda, o quizás ahí estaba su hermano y realmente no había muerto de leucemia con 12 años, a lo mejor estaba ahí escondido y si abría la puerta le miraría con ojos de 12 años, con su cabeza desnuda e hinchada, le miraría y le diría <<eres un desgraciado, te alegró que me fuera>> y el profesor no diría nada porque en parte era cierto, y cerrará el mueble para no verle pero seguiría oyendo la respiración ahogada de su hermano la noche que murió ahogado en la cama, aunque él dijo a sus padres que no había escuchado nada.

El profesor soltó una carcajada y empezó a toser sin dejar de reír, y entonces la idea de que su hermano vivía en esa habitación le pareció real. La certeza que le invadió se le agarró al pecho y se sentó en el borde de la cama para respirar profundamente e intentar centrarse.

Un hombre con su preparación, con su reconocimiento, no podía comportarse así, no podía dejarse llevar por historias de fantasmas, no podía salir de esa habitación siendo víctima de sí mismo mientras la habitación se limitaba a eso, a ser una habitación. Rebuscó en los bolsillos de la chaqueta, sacó un caramelo de eucalipto y se lo metió en la boca…el frescor repentino le animó y volvió a ponerse en pie.

En la pared del fondo tal como se entraba en la habitación estaba el armario de una sola puerta y a su izquierda la ventana por la que tanta gente se había tirado. No la abrió porque realmente era una noche gélida y no quería perder el calor de la calefacción. Se quitó la chaqueta y se descalzó, le gustaba el tacto de la moqueta azul oscuro de la habitación, una moqueta demasiado limpia y suave como para pertenecer a una habitación que se limpiaba tan poco. Una moqueta que en cuestión de un par de minutos estaba enfriándose muy rápido, el profesor cogió el mando de la televisión y saltó a la cama, se recostó con la espalda en la pared y encendió el aparato mientras se frotaba los pies, tan fríos de repente.

La imagen apareció en la pantalla con un zumbido de estática y el profesor soltó el mando sin darse cuenta, sus dedos se aflojaron y quedaron así, como la mano de un muñeco, a medio abrir o a medio cerrar. El profesor se inclinó hacía delante y su imagen hizo lo mismo.

En la pantalla se mostraba una panorámica de la habitación tomada desde un punto que correspondía a la posición de la ventana, si bien en las cortinas no se apreciaba nada extraño, menos aún una cámara. A la derecha de la imagen la cama con el profesor observándose absorto, el brillo del televisor reflejado en su rostro, a la izquierda, tras el televisor, el pasillo a oscuras en el que no se vislumbraba la entrada al cuarto de baño. Era como un agujero alargado y totalmente negro.

<<Vaya, vaya, se han tomado en serio esto de controlarme, porque si yo me veo ellos me ven, pueden apostar. Me gustaría ver la cara del genio que ha montado esto…>>y dirigió su puño hacia la cámara invisible y estiró su dedo corazón  mientras soltaba risotadas infantiles. Obvio es que el profesor ignoraba que  no había cámara, no había mando…es más, donde él veía la televisión había una vieja radio de válvulas que probablemente no funcionaba. La dirección del hotel no quería gastar dinero en un televisor para una habitación que no se usaba. No era rentable.

En ese televisor que no existía el profesor vio algo nuevo.

El pasillo ya no era un agujero negro, ahora estaba bañado  por la luz del cuarto de baño. Un llanto crepitó en los altavoces del televisor, saturados, y a los tres segundos sonó en el baño, era un llanto de niño, un niño acatarrado porque sonaba como una vieja locomotora cuando tomaba aire.

En el televisor un niño se asomó desde la puerta del cuarto de baño, la pantalla se fundió.

En la habitación el niño se acercó arrastrando los pies.

(CONTINUARÁ…)

 

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