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Panero podemos ser todos

Por Tankian - 20 de Septiembre, 2006, 0:09, Categoría: General

En 1976, con el cadáver de Paquito todavía apestando, Jaime Chávarri realizó un documental llamado "El desencanto"sobre la familia de Leopoldo Panero, poeta intimista y franquista. Lo que pretendía ser un corto sobre su amigo Michi Panero, hijo menor del poeta fallecido unos años antes de la aparición del documental, acabó siendo una de las obras más íntimas y conmovedoras del cine español.

El documental está protagonizado exclusivamente por la viuda, Felicidad, y sus tres hijos, Juan Luis (poeta), Leopoldo María (poeta) y Jose Moisés, alias Michi (crítico de televisión, columnista y escritor).

El sentimiento que me inspira este documental es la pena, porque me parece muy triste que unas mentes tan preclaras, unas bocas de las que sale un vocabulario tan rico y afinado…estén predestinadas a la locura, a pasarlo mal, a autodestruirse; como decía Leopoldo María "Yo me autodestruyo para saber que soy yo y no ellos".

Lo primero que vemos es una discusión entre Michi y Juan Luis, sentados en los jardines de la casa familiar de Astorga, la misma en la que Michi fallecía hace un par de años a sus cascadísimos 51 años. Discuten sobre su familia con una verborrea y una agitación tales que te quedas resollando, incapaz de asimilar una escena tan exagerada, tantas puñaladas entre dos hermanos, y todo ello manteniendo un nivel lingüístico irreprochable, algo casi extraterrestre en estos tiempos en que la televisión no pasa 5 minutos sin escupir un "guarra", "yoquesé", "acualo" y demás patadas al castellano.

Luego Juan Luis, Michi y Felicidad recuerdan el pasado y aceptan el presente a su manera, con frialdad Felicidad, con pomposa teatralidad Juan Luis y con una impactante claridad Michi, como si no fuera más que un espectador del terrible accidente en que se ha convertido la familia.

Durante la primera parte Leopoldo María solamente aparece en boca de los demás, como si fuera un espectro, como si fuera una losa demasiado fría para que la quieran tocar demasiado. Sin embargo, en los comentarios sobre él parece que se advierte a quien les quiera escuchar de que Leopoldo María es un aparte, un peligro.

Cuando aparece Leopoldo María toda la tragedia griega, tan serena como oscura, que han tejido su madre y sus hermanos se viene abajo. Ve a su madre como una tremenda bruja tras una bella cara, su hermano Juan Luis "es un paranóico, que es una locura que lo pasa mal" y Michi "es un esquizofrénico, pero es tan mono que es un ser adorable", y lo dice como el que habla de fútbol, tal como le sale. Lleva desde muy joven de manicomio en manicomio, y culpa a su madre por decidir ingresarle, le culpa de lo que se ha perdido, y lo que le queda.

Seguramente la parte más tensa y aclaratoria es la reunión de Michi, Leopoldo María y Felicidad en el Liceo Italiano de Madrid, donde habían estudiado los hermanod, Juan Luis no aparece porque no quiere saber nada de Lepoldo Maria y, por extensión, de la familia, ya que se considera el único normal y no necesita el contacto con los demás…realmente un paranoico, un pobre hombre disfrazado de emperador.

En su encuentro Leopoldo María aprovecha para echar en cara a su madre todo lo que piensa, le culpa de su situación y solamente encuentra por parte de ella una frialdad y una distancia respecto al tema realmente alucinantes.

En un momento dado Leopoldo María dice que ha estado en manicomios en la edad a la que se suele estar con tonterías, con amores…y su madre le pregunta "y por qué no tuviste amores, novios..? y Leopoldo María le responde "Pues porque en los manicomios es muy difícil…aunque tuve, porque recuerdo que los subnormales me la chupaban por un paquete de tabaco, así que si que los tuve".

En 1996, veinte años después de "El desencanto", el difunto Ricardo Franco realizó un documental llamado "Después de tantos años", que quizás no tiene tanta chicha, según se mire, pero que cinematográficamente es bastante mas reseñable, con unas imágenes poéticas, una referencia continua al mito de Frankenstein ( genial el montaje de Leopoldo María al borde del lago con la escena del asesinato de la niña en "Frankenstein").

En este documental Felicidad ya ha fallecido, víctima de un cáncer. Juan Luis vive alejado de todos y de todo en Cataluña, no quiere saber nada de ellos, queda evidenciado lo que apuntaba veinte años antes, que no considera a su familia de sangre como a su verdadera familia.

Leopoldo María ha pasado por unos dieciocho manicomios y en ese momento es entrevistado en el de Mondragón. Sigue mostrándose  herido, insulta a menudo, calla de repente y vuelve a hablar de cualquier tema. Es evidente que su estado mental se ha deteriorado  bastante, conmueve su rostro a través de la ventana, su pelo blanco, los ojos hundidos y la boca permanentemente abierta, babeante a menudo. Mira a la cámara desafiante, arrastrando los pies, un cigarrillo temblando en la mano…un loco que afirma estar cuerdo y luego loco, y viceversa. Se lamenta porque en  los últimos seis años no ha recibido visitas de sus hermanos, quiere verles, que le lleven aunque sea chocolatinas "como hacía mi madre, o un paquete de Nobel".

El protagonista principal es Michi, que en "El desencanto" era un joven atractivo y vivaz y ahora, 20 años después, a los 43, es un anciano consumido, con una mata de pelo blanco despeinado a los Christopher Walken, apoyándose en las paredes del pasillo para no caerse (poliomelitis, entre otras causas). Habla a menudo de que estuvo casi muerto (en el 86 se le dio la extremaunción cuando parecía sucumbir por las complicaciones derivadas de una cirrosis) y del miedo que le dio, aunque afirma no tener miedo ya. Dice que sabe que su vida a sido dura, que ha recibido palos continuamente, pero lo acepta con resignación, con un amago de sonrisa torcida.

Habla muy mal de Juan Luis, al que no quiere ni ver, le culpa de haberle dejado solo con su madre enferma, de haber huido del funeral en cuanto se olió algo de pagar. Le rechaza porque le considera un cobarde que además va de escritor con lo mal que escribe.

A Leopoldo María no le culpa de la misma manera que a Juan Luis porque sabe que está loco y vive en manicomios, si bien deja caer que lo que le pasa es que interpreta un personaje, el del poeta loco, y ha elegido vivirlo.

Seré sensiblón, pero me conmovió el final, cuando Michi está en el cementerio hablando a la cámara y aparece Leopoldo, y los dos se quedan uno al lado de otro, a veces se palmean el hombro, reprimiendo el impulso de un abrazo, y es que, como dice Michi "Sólo quedamos Leopoldo y yo, están todos muertos, incluso nosotros" y Leopoldo María carcajea nervioso sin dejar de mirar a su hermano, como un perrillo que se agita ante su amo.

Los dos caminan pegados, con las cabezas gachas, dos hermanos a los que la vida les robó el serlo, dos hombres destruidos, autodestruidos, que ya no pueden siquiera quererse. Se paran en las ruinas de la casa en la que veraneaban de niños, Michi fumando con aire pensativo, con una mano en el hombro de Leopoldo, que acepta el afecto como lo que es, un hombre herido que ya no espera nada.

Realmente recomiendo los dos documentales, no  hay que verlos como la historia de una familia que no nos importa, sino como una advertencia de que la desgracia puede con todos nosotros, seamos simplones o brillantes, descreídos o apasionados…torres gigantes han caído y no sería muy inteligente dejar pasar de largo este retrato brutal y no aprender algo de él.

Me parece que no están disponibles en DVD, pero si en el emule.

Saludos y a ver si recupero el tiempo perdido en vacaciones.

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