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Seis años después del pitoniso

Por Tankian - 6 de Diciembre, 2006, 0:05, Categoría: General

Siempre me han gustado los temas esotéricos, no todos, pero desde pequeño me atrajeron los fantasmas y todo lo relacionado. La culpa es de mi padre, que cuando era joven le absorbían esas historias y cuando empecé a leer tenía en la biblioteca del salón, entre enciclopedias y colecciones de clásicos de la literatura,(suerte la que hemos tenido los que crecimos en una casa en la que se leía)la  colección “Lo inexplicado” y completa “la biblioteca del misterio del Dr.Jiménez del Oso”, que eran unos libritos negros .

Gasté las fotos de fantasmas de tanto mirarlas, aún hoy me siguen fascinando algunas de esas, clásicas como la de un hombre sentado al volante de su coche y en el asiento trasero la figura de su padre fallecido, o aquella de un sillón en un castillo inglés y las manos y el rostro que se adivinan de un antiguo ocupante. Leí todo sobre la ouija, los ectoplasmas, las antiguas sesiones de espiritismo entre la alta sociedad (recuerdo que Edison inventó la radio para captar psicofonías, y de ahí quedó lo que quedó, aunque se dice que él obtuvo resultados satisfactorios) o las casas encantadas.

Pero me saltaba todo lo relacionado con los ovnis, no me atrae en absoluto lo relacionado con la ciencia ficción, el espacio y esas cosas, bastante tengo con lo tenemos en el planeta. Tampoco me interesaban la quiromancia, el tarot, Nostradamus y todo lo que llevaba a adivinar el futuro.

Mi madre iba de vez en cuando a que le leyeran las cartas y preguntaba cosas sobre mí y bueno, curiosidad siempre se tiene, es algo natural, pero ni se me ocurría pagar para que me contaran cualquier rollo.

Pasaron los años y mi madre encontró un médium al que llamaba pitoniso que no cobraba, aunque a ella le sabía mal y siempre le daba algo por los servicios. Yo ya me había independizado y las preocupaciones eran mayores en calidad y cantidad, así que hice caso a mi madre y fui a ver al pitoniso.

Tenia su “consulta” en un local de un bajo en el que todos los locales estaban vacíos, salvo el suyo, que ocupaba con una mesa de oficina, dos sillas y una pila de cajas en un rincón, ah, y una bombilla, parecía aquello un cuarto de interrogatorios de la Gestapo.

Yo iba con prejuicios, lo admito, porque no me creo esas cosas y porque ese tío conocía a mi madre y sabía que yo era su hijo, por lo que tenía bastante base para inventar lo que fuera, porque esa gente trabaja con la psicología.

Ahora es momento de ver si se cumplieron cosas de las que me contó, por la curiosidad, por rellenar un folio con algo.

Me dijo que iba a dejarlo con mi novia de entonces y que aparecería una castaña en mi vida que daría lugar a una relación larga, si no para siempre. Teniendo en cuenta que para entonces no tenía una novia determinada, sino que picaba por donde me dejaban, y que tardé casi 2 años en comenzar mi siguiente relación, en la que sigo inmerso (un lustró se cumplirá en enero) con una castaña, aunque con las mujeres uno nunca puede estar seguro del color natural de su pelo, pues digamos que acertó en buena medida.

Me dijo que el padre del amigo que me acompañaba, que me esperaba en la calle (supongo que el médium se empezó a sentir cómodo y decidió soltar algo espectacular) iba a palmarla a corto plazo. Seis años después el hombre sigue en la brecha, como un campeón, así que le salió mal el numerito.

Me dijo que me veía a corto o medio plazo trabajando en un edificio con muchas oficinas, lo que a oídos de mi madre significaba que yo acabaría Derecho y tendría despacho y a los míos que sería funcionario. Yo por entonces creo recordar que trabajaba de comercial en una editorial, Ediciones Rueda, (saludos a la hija de perra de la encargada) y no tenía intención de cambiar, pero el pitoniso acertó y trabajo en un edificio de oficinas como recepcionista, ni como abogado ni como funcionario. Pitoniso 2-Realidad 1.

Le pregunté si mi futuro definitivamente se vería ligado a un empleo convencional o si podría acabar viviendo de alguna aptitud artística que pudiera  tener dentro de mi mismidad. Me huelo que al preguntarme eso él se olió a su vez que debía contestarme que sí para que yo me fuera contento con mi supuesto futuro creativo.

Efectivamente, me dijo que ese trabajo con las oficinas duraría unos años, pero no demasiados, y luego podría vivir de un “don” (© Pitoniso) artístico que yo llevaba cultivando desde mi más tierna infancia. Y ahí me invadió la duda, que mientras escribo estas líneas me hace preguntarme si no jodí yo mismo la predicción; me explico.

Desde que tengo memoria destaqué en tres cosas: dibujo, escritura y ajedrez. No es tanto que destacara públicamente porque no se incentivó eso, no fui el típico niño al que pasean por concursos, y me alegro por ello. Simplemente es que en esas tres cosas yo me veía cómodo y las veía fáciles.

De las tres la que más tiempo practicaba era el dibujo, dibujaba mucho y quería ser pintor. El ajedrez lo alimentaba leyendo libros en la biblioteca del barrio, pero no tenía rivales en casa ni entre los amigos, así que jugaba poco, y pienso que aunque un buen ajedrecista nace puede morir sin dedicarle tiempo, es esencial la práctica que no tuve. De todos modos con el tiempo jugaba esporádicamente y tengo un par de medallas por acabar en tablas con dos jugadores profesionales en sendas multipartidas, así que del montón de gente con la que jugaban a la vez se equivocaban conmigo, así que tendrá más que ver con la suerte que con el talento, pero me alegra haber jugado y de vez en cuando añoro no haberlo echo más, sobre todo cuando juego online y me humilla hasta el tonto del pueblo.

La escritura siempre me atrajo pero lo relacionaba más con los deberes y por eso me parecía más atractivo el dibujar. Nunca he dado religión, salvo en 1º de EGB, que fue en un colegio de monjas de Madrid (y la suspendí, ya se adivinaba mi amor por la iglesia, que se prolongó en el tiempo con mis expulsiones de catequesis o las misas en las que sorprendía a la parroquia tocando “The final countdown” en el órgano), así que daba Ética y siempre estaba promocionando concursos de redacción para que los profesores me alabaran, me podía el reconocimiento, supongo que como a todos. Pero aún así seguía dibujando a todas horas.

En 6º de EGB se planteó el dilema; por un lado Don Alejandro, el tutor que supongo que si no palmó poco le falta, vio algunos dibujos que yo tenía debajo del pupitre y se los enseño a un amigo que era director de la escuela de arte y oficios, quien a su vez le dijo que se encargaría de que empezara ese mismo año como alumno de la escuela. Don Alejandro me lo dijo y yo ya me veía como un niño pintor rodeado de tías bohemias y prematuro por ni siquiera haber terminado el colegio. En fin, la chochez de Don Alejandro le hizo olvidarse de que yo tenia 12 años y que con esa edad no podía entrar en Arte y Oficios, así que cuando le dio mis datos al director…mi gozo en un pozo.

Por otro lado ese mismo año la profesora de lengua, La Primi, hizo un concurso de cuentos y los leímos en clase. Yo escribí sobre un autobús especial que llevaba  a un pueblo que vive por y para los libros, con bibliotecas maravillosas y escritores discutiendo sus obras cada noche a la luz de un fuego…supongo que todos los que queremos ser escritores hemos pensado en algo así, un lugar en el que escribir y compartir lo escrito. Gané y La Primi hizo leer mi cuento a la delegada de clase, Ana, y la interrumpía a cada párrafo para soltar loas que me pusieron bruto, incluso se acariciaba la zona entre los pechos y el cuello, sofocada. Luego utilizó fotocopias del cuento para dar clases en otros cursos, y saber que los deberes de otros niños incluían estudiar mis frases me hizo pensar seriamente en un porvenir como escritor, lo cual unido al capítulo de Don Alejandro me puso en un sinvivir.

Desde entonces a la visita al pitoniso escribí más que dibujé, bastante más, supongo que me animaba más La Primi tocándose y colorada que Don Alejandro escupiendo al hablar sobre mis dibujos mientras se sacaba la cera de las orejas con las llaves su Opel corsa (solía hacerlo, el cerdo). En algo tan frágil se sustenta mi decisión de escribir más que dibujar.

Cuando el pitoniso me dijo que me ganaría la vida con ese “don” artístico que cultivaba desde pequeño decidí allanar el camino eliminando la posibilidad del dibujo ese mismo día para que la escritura quedara en solitario camino a ese supuesto futuro que me entusiasmaba. Dejé de dibujar, radicalmente, y así sigo.

Se supone que el trabajó en las oficinas no serían demasiados años, van 3 años y 3 meses, y luego ya toca vivir de la escritura. O sería de la pintura? Me equivoqué al dejar de dibujar? Debería haber olvidado la escritura? Confió en que no me equivoqué y el pitoniso tampoco, porque si no  iré a buscarle al local ese y como había ninguno más ocupado no le va a oír gritar nadie.

 

Ahora que lo pienso…y si era el ajedrez??? joder, eso si que sería una putada.

Me enroco.

 

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