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18 de Enero, 2007

Whis your wish here

Por Tankian - 18 de Enero, 2007, 23:49, Categoría: General

Esto no es una lista de últimos deseos, o sí, si así fuera sería inconsciente, premonitoria…no lo sé, que no es una lista de últimos deseos, es una lista de deseos a secas. Quiero conocer muchos sitios y hacer muchas cosas y lo quiero con cierta urgencia porque no quiero que me entre la prisa si me descubren un cáncer porque seguro que hace ilusión cumplir esos anhelos antes de morir, pero el que sea precisamente por eso le quita algo de alegría al tema, supongo.

Quiero escribir una novela, aún no sé sobre qué, supongo que sobre la vida de otros porque la mía daría para un folletín aburrido y hueco, dejo para otros lo de venderse como personaje a falta de algo mejor.

Quiero que la novela sea un bombazo, o al menos que venda lo suficiente como para que la editorial me pida más. Quiero que las televisiones me acribillen a propuestas para entrevistarme y poder decirles NO a todas. Quiero que mi nombre sea conocido, pero no mi cara. No escribo con la cara. Por suerte.

Quiero atravesar Estados Unidos en un descapotable por la Ruta 66, desde el Este al Oeste. Quiero parar en gasolineras cochambrosas y tomar tarta de limón en la barra escuchando country a lo lejos, muy bajito. Quiero empaparme de la historia de plástico de los americanos, tan bien explotada y tan atractivamente envuelta y adornada.

Quiero escuchar los gemidos de los coyotes no lejos del borde de la carretera. Quiero descansar en un motel con una cama de esas que echas unos centavos y vibra, y vibraría hasta el mareo, hasta la nausea, mientras Oprah me cuenta cosas y los de al lado gritan fucks, you knows,asholes…me encantaría.

Quiero sentarme en una terraza de Buenos Aires a escuchar tangos, aunque no me gusten, y a que me regale el oído ese hablar tan dulce de trileros y psicoanalistas. Quiero conocer Argentina para saber si es tan especial como parece o es todo marketing, porque para eso son los más grandes. Quizá Argentina luego es un país chiquito y ellos lo venden como grande para romper las pelotas. Si es como lo venden quiero comprarlo.

Quiero que me toque algún premio, aunque no juego a nada, para poder comprar un piso con el dinero en la mano, un piso mediano en el que poder vivir tranquilo,  mi ritmo.

Quiero escribir un relato de terror gótico en un escritorio de madera pegado a la ventana de una buhardilla de Paris con vistas al Sena. Levantaría la cabeza después de cada punto y aparte y me quedaría mirando por la ventana hasta empezar el siguiente párrafo, quién sabe cuando.

Quiero despertarme temprano en Paris y pasear un poco entre los ecos de las pisadas de la revolución de esos hijos de…Francia y meterme una croissanterie y tomar un café au lait de esos que saben a café con leche de verdad y lo acompañaría de un croissant caliente, uno de verdad, uno francés. Luego caminaría por Pêre Lachaise y saldría corriendo a la buhardilla para seguir escribiendo.

Quiero ser capaz de ser sincero del todo con todos, de que lo que pienso apenas se altere antes de soltarlo por la boca. No quiero hipocresía, prefiero quedar mal con los demás que conmigo mismo. Quien se ofenda por oír una verdad no me merece la pena y por eso quiero ser sincero, para filtrarlos, para separar el grano de la paja

Quiero que todos sepáis lo que pienso de vosotros, y quiero saber lo que pensáis de mí para poder mandaros a la mierda si me molesta. No quiero falsas sonrisas ni excusas baratas, me paso todo eso por el arco…du triomphe.

Quiero visitar los lugares que han sido escenario del horror humano para ver si me vuelvo más humilde y más razonable.

Quiero que cuando muera la gente que odio hable mal de mí y la que aprecio, que es poca, se indigne por ello y me defienda.

Cuando muera quiero poder ser un fantasma y revolucionar la comunicación con los vivos. Hablaría siempre que me apeteciera y podría hacer sufrir a quien quisiera. Si la muerte es una oscuridad que asusta no quiero morir.

Quiero que la gente que no me gusta deje de hablarme, que se den cuenta y se ahorren el esfuerzo. No os equivocáis, no, es verdad lo que imaginas, así que no me hables.

Quiero hacer un trío con una tía que predique la normalidad sexual con el ejemplo. Al ser consciente de que eso es ciencia ficción formulo el deseo sin convicción ni erección. No obstante dejo una pequeña rendija a la esperanza, puede que haya perros, o perras, que ladren y además muerdan.

Quiero que nos invadan unos entes que desintegren a los políticos y que empecemos una civilización buena desde cero. Es un deseo muy amplio y ramificado, si me da por ahí le dedicaré más tiempo en el futuro.

Quiero que haya un permiso de armas especial para volarle los sesos a cualquiera que dañe a los animales, sobretodo a los perros. La ejecución de quien golpee, explote o asesine a un perro será no ya legal, sino aplaudida.

Quiero recorrer los países nórdicos y maravillarme, remar por los fiordos noruegos y sentarme en un parque de Estocolmo a ver pasar suecas. Quiero ver cómo funciona un país, cómo debería funcionar.

Quiero ir a Stonehenge a ver si me tropiezo con ese viejo que dice ser el Rey Arturo y con todos sus seguidores. Quiero pasar la noche apoyado en un dolmen, tapado por una manta y escuchando historias locales.

Quiero ganar un billete de oro de Vueling; con el billete de oro puede volar gratis toda la vida. Sería la hostia, cualquier día libre me iría a algún sitio…podría cumplir aquello de ir a tomar el té a Londres y volver.

Quiero ver al fantasma de la torre de Londres y recorrer Charing Cross con un libro sobre Jack el destripador en la mano. Quiero que haya una niebla densa y que me asusten las sombras. Quiero que los ingleses aprendan a cocinar más allá del fish and chips y el roast beef…quiero fumarme un porro frente a la estación de autobuses de Cambridge y comprar discos fumado en la tienda Virgin que hay al lado.

Quiero conocer la universidad de Cambridge por dentro porque allí ha estudiado gente muy importante, como Hug Laurie, el de House…y otros.

Quiero muchas más cosas…

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Un Hulk en nuestro interior

Por Tankian - 18 de Enero, 2007, 0:19, Categoría: General

Siempre me ha fascinado la fragilidad de nuestra condición, la facilidad con la que nuestra personalidad, que creemos tan conocida  y controlada, puede retorcerse y sorprendernos a nosotros mismos. La historia, eso que parece demodé, nos lo recuerda millones de veces y ahora solamente hay que ver el telediario o leer un periódico para que no se nos olvide.

He empezado a leer el libro “Auschwitz: Los nazis y la solución final” de Laurence Rees, de la colección II Guerra Mundial de Planeta DeAgostini (24 € en la Casa del Libro, 4’99€ en el Vips de la plaza de los cubos) y en su introducción incide mucho en esa idea como conclusión después de muchas entrevistas a supervivientes de Auschwitz, a sus verdugos y a otros nazis, también a asesinos de la Rusia de Stalin o del Japón de Hiro Hito.

Otra de las conclusiones es que si hay que medir el salvajismo de rusos, japoneses y alemanes en aquellos años seguramente el Reich se llevaría el bronce. Lo que parece que diferencia a los entrevistados nazis de los demás es que la gran mayoría mantiene sus ideas y no se arrepiente de sus crímenes, mientras que rusos o japoneses suelen escudarse en la fórmula “cumplía ordenes” bajo riesgo de muerte por desobediencia. Cabe recordar que el castigo a un soldado nazi era mucho mayor por robar a un prisionero asesinado que por negarse a ejecutarlo…así de esquematizado estaba todo en el nazismo, esa era su escala moral.

Como decía, muchos de los que sobrevivieron a Auschwitz coinciden en decir que lo que aprendieron de aquello, entre otras cosas, es que la persona más simpática y educada puede convertirse en el ser más sádico y cruel si las circunstancias son propicias. Luego cabe pensar que el contexto nos coarta y que realmente la crueldad está en nuestra naturaleza o al revés. Personalmente creo que son muchos siglos de guerras y salvajismo para que en unos pocos pretendamos ser tan civilizados y virginales.

Supongo que hay mucha gente que juraría y perjuraría que es  incapaz de matar a alguien, es eso de “ese no mataría ni a una mosca”. Pues es cuestión de cabrearles, de desquiciarles lo suficiente, todos tenemos un límite y un cerebro que se nos escapa  casi en su totalidad.

Hace unos años leí en los periódicos sobre un caso que el domingo recordaban en “Cuarto milenio”. Una mujer que llevó a su bebé al médico porque este no dejaba de llorar, y al hacerle unas radiografía se descubrieron 27 agujas en el interior del cuerpo, sobre todo en el abdomen y algunas en la cabeza, con la “suerte” extrañísima de que ninguna de ellas tocaba ningún centro vital y el niño se recuperó sin problemas.

Pues había sido la madre la que le había hecho eso a su propio hijo víctima de una depresión postparto brutal que le hacía querer matar a su hijo, aunque el instinto maternal le hizo querer que muriera sin dolor, de ahí la cautela extrema con la que introducía las agujas.

La mujer fue internada en un manicomio y a los 5 meses fue puesta en libertad porque se había curado totalmente; hoy día vive una vida perfectamente normal y los médicos dicen que fue una depresión que ya pasó, una enajenación delimitada en el tiempo.

Eso es lo terrorífico, que una persona pueda hacer algo así sin realmente querer, víctima de su propia cabeza. Y hablo de ese caso, pero no es raro el de alguien que se despierta y ve que han asesinado a su familia y luego ha sido él; también leí sobre un tipo que mató a hachazos a su vecino porque le había aparcado parte del coche en su aparcamiento y luego él mismo se horrorizaba ante la idea de lo que había hecho, incapaz de explicarlo.

Todos somos capaces de hacer lo que ahora nos resulta cruel, todos hemos hecho cosas que ahora nos parecen despreciables, como pegar a un compañero de clase porque sí o insultar a la niña que acaba de “convertirse en mujer” en gimnasia, en la tradición de Carrie y su “tapónate tapónate”.

Y es que viendo a los niños uno se reafirma en la idea de que somos civilizados, dentro de lo que cabe, por la educación que recibimos, porque no hay nada más cruel que un niño, si bien también son capaces de los gestos más hermosos. Pero es cuestión de adiestramiento, igual que los perros, que por naturaleza son fieles y bondadosos y pueden convertirse en máquinas de matar si se les prepara para ellos.

Es como lo de La Masa, que se convertía en una bestia si le tocaban un poco las bolas a raíz de un accidente en el laboratorio. ¿Y si el accidente químico tiene lugar en nuestra cabecita? ¿Cómo se escapa uno de eso?

Vemos de lejos todo esto porque tenemos más o menos todo al alcance y no tenemos que pelearnos por comer o tener un techo, incluso los que viven en la calle no corren el peligro de que los monten en un tren camino al horror. Creo que estamos atontándonos demasiado para como pinta el panorama y si, ojalá que no, mañana estalla una guerra mundial nos vamos a llevar las hostias a pares y mucho mayores porque cuanto más alto estés mayor será la caída.

Somos muy urbanitas, muy autosuficientes, muy mezquinos y encantadores, pero como se nos acabe el falso estado del bienestar que nos tiene ensimismados nos daremos cuenta de golpe de lo hijos de puta vengativos que somos…yo ya tengo un par de nombres anotados por si acaso.

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