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Febrero del 2007

A falta de notario

Por Tankian - 28 de Febrero, 2007, 23:24, Categoría: General

Desde hace unos años tengo la convicción de que no llegaré a viejo, es más, de que me iré de este cochino mundo a una edad temprana, teniendo en cuenta de que ya veo los 29 allá en la siguiente curva.

Mis sospechas latentes se han visto reforzadas en dos ocasiones, una en la que una señora mayor se me acercó en Junio del 99 en el puerto de Alicante para cogerme del brazo y decirme “Qué pena  que un joven tan guapo vaya a morir tan joven”, dar media vuelta y pirarse dejándome ahí frío; es evidente que la mujer tenía problemas de vista y una capacidad pasmosa para encogerme la bolsa testicular.

La otra ocasión se remonta a 2001, ya en Madrid, cuando la voz de mi abuelo me dijo que me recogería “en pocos años”. Por entonces yo dormía en la casa donde habían vivido y muerto mis abuelos y no eran pocas las señales que evidenciaban que no se habían ido del todo. Muchos se reirán ante tal comentario, pero así era la cosa y la ignorancia condescendiente me puede succionar el perineo con ardor.

Ojalá recuerde esta intuición a los 90 tacos y me ría de la vieja del puerto y de la voz de mi abuelo, yo sería el principal beneficiario de tal fallo, pero con los años este sentimiento se van endureciendo y ya ni e alarman como al principio, sino que soy consciente de su existencia y la mayoría del tiempo lo acepto como algo natural, si bien me gustaría que concretara más el tema, si puede ser al menos saber el año en cuestión, sino la fecha exacta, ya que podría planear qué hacer con lo que me reste de vida, y no estaría currando una media de 190 horas al mes para ahorrar, porque si sé que me quedan 4 años iba a ahorrar mi  prima la coja.

De vez en cuando saco el tema y hablo de lo que me gustaría que se hiciera cuando palme, y después pienso que cuando llegue el día  se va a hacer lo que la gente quiera, sean mis padres, mi novia, mi hermana o quien sea, y la simple idea de que un cura de mierda pronuncie mi nombre me hace sentir que bailan sobre mi tumba, que no sé como será la sensación real, pero mi versión es jodida.

Aprovechando que este blog está al alcance de mucha gente y es seguido por unos cuantos quiero dejar escrito lo que quiero que pase el día que me pille un bus (ya estuve a milímetros), me mate con el coche (a puntito también), me peguen un tiro (exacto, también) o lo que sea.

Aunque me tome el tema con humor quiero remarcar que esto que estoy escribiendo es lo que quiero que pase, y pido llegado el momento que quien pueda y quiera lo recuerde y use este artículo como prueba.

El día que me pire de esta piltrafilla de mundo no quiero que se reúna gente a llorar y a mentir sobre lo bueno que era y lo que valía y toda esa mierda que se suelta, esas mentiras para cebarse, para inventarse lágrimas que por medios normales no saldrían. Toda la gente que ahora no me llama, que no preguntan qué tal te va la vida o lo que sea, todos los que me critican a mis espaldas, todos los que sienten vergüenza al leerme cuando escriben mierda, todos esos que se guarden sus comentarios y sus homenajes en el culo, no me interesa la falsedad y tanto payaso suelto. Yo les tranquilizo diciendo que si se  mueren yo tampoco iré a verles la cara, que no sufran por ello. No suelo perder el tiempo con la gente que no me interesa, y eso vale si están vivos o si están muertos, agradecería lo mismo.

No quiero que se me exhiba en ningún ataúd, que no se me enseñe tras un cristal como un lenguado en un escaparate, que no haya velatorio, ni nada que se le parezca. Quiero ir directo del lecho de muerte al horno, aunque supongo que hasta ahí seré víctima de la burocracia y me tendrán en un ataúd de paso o en una cámara frigorífica hasta que puedan despacharme.

No quiero que nadie grite ni se desmaye, no lo merezco y creo que esas cosas son individuales, privadas y no me gusta verlo en público, que los entierros se conviertan en competiciones de a ver quién demuestra más sufrimiento. Si puedo verlo no me gustaría, que quede claro que como fantasma no me gustará ver esas cosas.

Quiero una miniceremonia justo antes de que me metan en la incineradora, y pretendo que sea un homenaje mío a los presentes, ya que doy por supuesto que esto se dará a conocer y solamente habrá gente querida, aunque sean cuatro. Siempre he sido más de calidad que de cantidad, con todo.

La miniceremonia sería que todos escucharan tres canciones: “You take my breath away” de Queen; “All the young dudes” de Bowie y “The severed garden” de The Doors, que es Jim Morrison recitando su poema “Feast of friendo” sobre el fondo de Robby Krieger tocando el adagio de Albinoni. Cuando termine la música que se despidan de mí con un “nos vemos” o un “hasta la vista”, nunca un “adiós”.

Mis cenizas quiero que se las quede mi pareja, y si no quiere pues que se tiren en un bosque, en alguno tranquilo, sin carreteras cerca, con muchos árboles. Como única lápida que se deje en el bosque un piedra con la inscripción “Estoy por aquí, llámame”, que es una frase chorra, pero me gusta.

 Si no es así pues que se quede las cenizas y no quiero tumba ni nada de eso, y en el recipiente donde me metan en mi versión más polvorienta no quiero ningún signo religioso, ni angelito, ni vírgenes y mucho menos una cruz, que como signo bajo el que se ha masacrado puede darle lecciones a la mismísima esvástica.

No quiero nada relacionado con la iglesia en mi muerte, no quiero ni olerlos, y si alguien se pasa por el arco mi deseo y monta una misa de recuerdo o algo así maldigo a todos los que vayan por no respetarme y por ser tan penosos como para formar parte de ese espectáculo.

Ya más adelante me gustaría que mi pareja fuera incinerada y sus cenizas y las mías se mezclaran y se esparcieran por un bosque, pero eso ya es una hipótesis porque ya no depende de mí.

Ah, muy importante, que se me incinere en pelotas, no quiero mortajas ni trajes, que son muy incómodos y no me gustan.

 

Sobre la forma de morir no tengo predilección por ninguna en particular, aunque no me importaría irme a dormir y no despertarme. Lo que si pido a quien corresponda es no morir asfixiado, quemado ni torturado, porque morir no me da miedo, pero esas tres cosas sí, soy así de tiquismiquis.

Pues nada más, que reitero que lo expuesto aquí es lo que quiero realmente y si no se cumple confío en que haya algo más allá de la muerte, qué estoy seguro de ello, para hacerles la vida imposible.

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The last king of Oscars

Por Tankian - 23 de Febrero, 2007, 23:34, Categoría: Cine

Hay interpretaciones que ganan con el tiempo, igual que las hay que uno se avergüenza al revisionarlas con los años.

La interpretación de Forest Withaker en “The last king of Scotland” es de las primeras, tan sutil, tan natural, que si no te gana a la primera te gana a la segunda, o a la tercera,  pero lo genial siempre acaba convenciendo.

De los actores nominados al Oscar a mejor actor he podido ver, aparte de a Withaker, a Di Caprio en “Blood Diamond”, a Ryan Gosling en “Half Nelson”, y a Will Smith en “The pursuit of Happyness”. Tengo “Venus” para ver a Peter O’Toole pero los subtítulos no llegan, a ver si entre hoy y mañana aparecen.

Di Caprio siempre me ha parecido un actor excelente, desde su primera nominación por “Quién ama a Gilbert Grape” a esta última por “Blood Diamond”, pasando por, para mí su mejor trabajo, “Basketball diaries”, “Vida de este chico” o “El aviador”. Yo diría que lo único malo que ha hecho fue “Titanic”, él mismo se arrepintió públicamente de ese trabajo, y aparte de eso no hay ni una actuación mala que yo recuerde; no creo que haya muchos actores de los que se pueda decir lo mismo.

Eso sí, yo le habría nominado antes por “The Departed”, o por las dos. Son ganas de quitarle nominaciones al tito Marty.

Antes de que alguien la cite, a mí sí me gustó “La playa” como todo lo dirigido por Danny Boyle. Recomiendo leerse el libro para entenderla mejor.

Ryan Gosling no me dice nada, me cae mal desde “Asesinato 1, 2, 3” porque desentonaba con su compi Michael Pitt, gran actor joven, y se pasaba la pelícla entornando los ojitos a la Bullock, otro truño de la interpretación. Además “Half Nelson” es un buen cortometraje estirado hasta el infinito, estirado a base de silencios absurdos, de movimientos de cámara bostezantes…y sí, él lo hace bien, pero ya está, cumple su cometido y es eclipsado muchas veces por la niña coprotagonista. No creo que tenga posibilidades, es la concesión hippy de la Academia a Sundance.

Will Smith ya me pareció un buen actor en “Seis grados de separación” y siempre le he visto algo en sus papelillos chorras, un nosequequeseyo que me hacía imaginarlo en papeles más exigentes. Lo hizo muy bien en “Alí”, un tostón importante del amigo Mann, y lo ha  hecho mejor en “The pursuit of Happyness”, dejando fuera todo histrionismo, todo recurso facilón, para convertirse en alguien normal, para hacer posible que te identifiques con el principe de Bel Air y no te haga ni puta gracia verle la cara. Conseguir eso es chungo, y más chungo aún que  te lo reconozcan los seriotes, si no que se lo digan a Jim Carrey, mejor actor que Smith durmiendo y con el reconocimiento limitado a los globos de oro.

Lo de Withaker es prodigioso, más aún que lo de Seymour Hoffman el año pasado, mucho más, porque sobrepasa la imitación (y ese Capote era una imitación sin fisuras) para borrar al actor, algo complicado cuando eres un gigantón negro, gordito y feote, pero este tío lleva siendo un camaleón 25 años pese a ese físico tan llamativo. Otros actores tienen la suerte de tener un “rostro blanco” y les es más fácil  el tema, si bien no creo que eso les quite mérito (un ejemplo, cómo puede ser tan distinto un tío poniéndose un puto bigote? Mirad a Robert Carlyle en “Full Monty” y en “Trainspotting”).

La primera hora de la película me hizo dudar de esa nominación por dos razones: A.era un simple presidente tontón y caprichoso que no me decía nada y B. no tenía recientes imágenes de Idi Amin.

Antes de ver la segunda hora busqué algo por internet, vi fotos, videos (por cierto, algún alma samaritana sabría decirme de dónde bajarme en VOS o doblada el documental “General Idi Amin Dada” de Schroeder???), leí cosas que desconocía del personaje…y coño, esa segunda hora era otra cosa, porque además coincide que se rompe el sueño del doctor protagonista y con el suyo el nuestro. Empezamos a ver lo que hay detrás de ese hombretón bromista, dejamos de reírnos con sus cachondadas, empezamos  tenerle miedo, y Withaker contribuye definitivamente sin caer en el histrionismo, sin grandes gestos y gritos…se transforma en un ogro cabrón sin que te des cuenta.

De la película en sí se podrían discutir varias cosas, pero no soy un experto en Idi Amin y no quiero pecar de pedante. Como curiosidad destacar el pequeño papel de Gillian Anderson, la Scully de Expediente X.

Solamente una reflexión que se podría añadir a mi artículo de ayer.

Idi Amin llegó al poder dando un golpe de estado siendo jefe del ejército nombrado por el presidente Obote, al igual que Allende nombró a Pinochet en Chile y esté se la clavó.

Idi  Amin entró en el ejército británico, empezó de chico para todo en la cocina y terminó como general por su eficacia masacrando a los Mau Mau. Los británicos le apoyaron en su golpe de estado y prácticamente le dieron el trono, y Amin se la devolvió rechazándolos, no reconociendo a Sudáfrica y otras tantas “diabluras”.

Eso recuerda a los talibanes entrenados y financiados por EEUU que luego les dieron para el pelo, el Sadam Hussein haciendo negocios con los yanquis para luego mira tú cómo han terminado.

Hay tantísimos ejemplos de  grandes naciones colocando a dirigentes que luego se la montan que no puedo menos que decir aquello de que los humanos de lejos parecemos tontos, pero de cerca es que lo somos.

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No hay mal que por bien no venga

Por Tankian - 22 de Febrero, 2007, 22:59, Categoría: General

Hoy ha terminado el plazo para que Irán renuncie a su programa nuclear, es decir, a seguir enriqueciendo ese uranio que los iraníes dicen que es con fines energéticos y nadie se cree.

Ayer se supo de un plan de ataque de EEUU contra Irán en previsión de que el final del plazo llegase sin una solución, y eso es exactamente lo que pasa, que Irán pasa.

Esta misma mañana ha llegado un nuevo buque de guerra estadounidense al Golfo Pérsico y Ahmadineyad sigue diciendo que no se va a quedar a verlas venir.

EEUU sigue diciendo que sospecha que Irán está ayudando a los insurgentes iraqies a atentar contra las tropas invasoras, y que como se confirme eso  le van a dar hasta en el cielo de la boca.

Bush sabe que si volviera a presentarse perdería las elecciones (igual que las dos veces en las que fue elegido) por una política interior clasista y pasota y una política exterior chulesca y temeraria. Pero sucede que ya no se puede presentar, así que como decía aquél “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”.

Todo esto tan sencillo de exponer no nos importa, se leen muy pocos periódicos y las noticias de la tele interesan a partir de que hablan de chorradas. Se está especulando con la posibilidad de que cada comunidad elija si los alumnos estudiarán o no, por ejemplo, a los Reyes Católicos, que eran un señor muy apocado y una señora muy sucia que coincide que financiaron unos viajes a América o impulsaron el final de la Reconquista, aparte de muchas cerdadas que forman parte de la historia.

Si estamos llegando a tal nivel de alienación, de pasotismo absurdo, de incultura fomentada, cómo coño me va a extrañar que la mayoría de la gente de a pie pase de este rollo de los iraníes y los yanquis. Quizás la ignorancia calma el sufrimiento, y así cuando todo reviente seremos corderillos mirando al infinito, insensibles y ridículos.

El señor Bush no ha aprendido de los errores de su padre ni de los suyos propios, por no hablar de cosas con las que no está relacionado (porque era físicamente imposible, que si no…), como aquel ataque fantasma de tropas españolas a un barco estadounidense en 1898 que dio lugar a la guerra por Cuba y Puerto Rico, aquel ataque anunciado a Pearl Harbor que les hizo entrar en la II guerra mundial para ayudarnos a los europeos (lo de que los comunistas estuvieran ganando terreno era casualidad) y tantas otras.

El señor Ahmadineyad es feliz e intocable en su radicalismo, y tiene claro que si se va él se lleva por delante a unos cuantos, para empezar Israel, que les tiene ganas, y para seguir todo lo que unas cuantas bombas atómicas puedan arrasar, y España no está tan lejos de esas bombas como pensamos.

Quizás sería hasta bueno que nos vayamos a tomar por culo, porque así al menos dejaríamos de vomitar de asco por nuestros políticos y su hijoputez chirriante, su analfabetismo hiriente y su total falta de moral. Quizás así dejemos de ver en la oscuridad de la habitación la cara de animal de De Juana metiendo tripa y meándose en las lágrimas de las víctimas. Quizás por esas no tenemos que enterarnos de que han encontrado enterrados unos 400 fetos y bebés en la India, la misma India de la que podríamos olvidar que van a poner cunas en las calles para que se pueda abandonar a gusto a las recién nacidas. Quizás  así desaparezcan también los desgraciados que arrojan por la ventanilla de un coche en marcha a unos gatitos, y con ellos desaparezcan los que se graban violando a bebés, y los que miran por encima del hombro a los demás, y los que se creen merecedores de envidia por cualquier razón, los que atropellan varias veces a una mujer por no quererle, los que suben los precios para tener aún más beneficios (el presidente de no sé qué Banco español ha cobrado este año unos 10 millones de €),  los que se compran pisos para venderlos luego más caros, …

Quizás pensándolo despacio y con buena letra resulte que, si la bomba explota, nuestra desaparición sea un mal menor.

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Los Invasores

Por Tankian - 16 de Febrero, 2007, 0:10, Categoría: General

Los invasores están aquí, entre nosotros, y no podemos hacer nada para eliminarlos, la criba puede ser ardua e injusta, caerán muchos inocentes porque no hay forma de identificarlos.

Hace años había trucos para desenmascararles, ya sea por su meñique tieso o por el botón que tenían algunos en la nuca…era un tema pesado pero con paciencia y dedicación podías freírles los jodidos sesos. Sí señor.

Ahora compartimos vagón en el metro, cola en el supermercado, les sonreímos, les contamos nuestra vida, nos los follamos, nos follan, les mentimos y nos mienten…nos acostamos con los gusanos resbalando en las tripas, la sensación de haber interactuado con uno de ellos, la duda correosa de si aquel niño al que acariciaste la cabeza era un puto  animal que se dedica a clavarle el destornillador a los gatos.

Los invasores son lo que no queremos ser, el reverso negro y podrido de nosotros mismos, y su triunfo es que físicamente son como nosotros: tienen dos ojos, una nariz y una boca, les sirve para lo mismo que a nosotros,  además para otras cosas que nos hacen sentir sucios.

Los invasores observan con su par de ojos lo mismo una barra de pan que las nalgas desnudas de una niña de tres años, y probablemente encuentran el mismo paisaje erótico en ambas visiones. Y saben lo que sienten cuando lo ven, y se ríen de nosotros en la calle cuando nuestra hija se levanta la falda porque es una niña y las niñas hacen esas cosas. El invasor sonríe y corre sudoroso para machacársela pensando en nuestra hija, y  cuando acaba se hace un poco de cena y ve la tele hasta que se duerme.

Los invasores exclaman al aire cada vez que le dan una patada en el hocico a su perro, exclaman poderosos ante ese momento sublime, buscan esa mirada servil y desencajada de un perro lamiéndole la mano mientras agoniza, y esa fidelidad ciega hasta el último segundo le hace sentirse mejor pero el da rabia, así que le pisa la cabeza al perro y se va a vender tornillos a su ferretería a sonreírnos y a hacerse pasar por uno más.

Tendemos a pensar que no existen los invasores y que si hay son bichos de color azul con seis ojos y antenas, que emiten un sonido o un olor que los hace destacar…imbéciles somos porque no pensamos que de ese modo no tendrían peligro, que es su aparente normalidad lo que les hace mortales de necesidad.

Hoy he descubierto a un nuevo invasor en mi propio lugar de trabajo, un ser con apariencia de chico guapote de 20 años que trabajaba como cristalero en unas oficinas de este edificio.

El chico adorable por el que mucha maruja y mucha ignorante suspiraba ha estado usando  un ordenador de esas oficinas para ver y descargar material de pornografía infantil en internet.

Imaginemos por un momento que su asquerosa enfermedad no hubiera ido exenta de un mínimo de inteligencia y hubiera sido capaz de borrar las huellas que iba dejando en el ordenador (ha sido tan fácil como mirar el historial del explorador). Si hubiera hecho eso seguramente no nos habríamos enterado y alguna de estas que le miraban podría haberse casado con él y haber vivimos muy contentos, sobre todo él cuando tuvieran hijos, y es que muchos de estos invasores violadores de niños tienen hijos para tener el vicio en casa, a ver si vamos a pensar que eso pasa poco y solo en las pelis de antena 3. No, hay mucho niño y mucha niña que no quieren acostarse porque su papi le va a hacer cosas por la noche, y muchos de esos niños no dirán nunca nada y cuando sean mayores le harán lo mismo a sus hijos, y llevamos tantos años con los invasores entre nosotros, matando animales, haciendo daño, disfrutando con el mal…tantos años que nos estamos convirtiendo en una raza odiosa en la que o eres un enfermo hijo de puta o eres un cobarde de mierda que prefiere hacerse el longuis a tomar el toro por los cuernos.

Seguro que hay invasores leyendo esto y cuando acaben de leerlo le darán a Alt+Tab para seguir viendo lo que puede tragar un bebé…pido encarecidamente que si alguno de ellos disfruta también recibiendo dolor me lo haga saber, porque en ese vicio le voy a dejar contentísimo, como unas putas castañuelas.

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La Suite de los Suicidas. Final Cut

Por Tankian - 13 de Febrero, 2007, 10:33, Categoría: Paranoids

Pues nada, como los que hayan encontrado una hora para leer mi recomendado relato 1408 de King habrán leído, es casi obligatorio para todo autor amante del género de terror tener su propia versión del relato de hotel encantado. Me sumo a la infinita lista con un relato simple pero creo que efectivo, releído me gusta, y eso es mucho. Creo que la última parte desmerece del conjunto, pero la presión ha sido dura y tenía que terminarlo.

Bajad la intensidad de la luz, acurrucaos en vuestro rincón favorito e imaginad que entráis al hall del viejo hotel Blackbird...

Comprendo la hilaridad de la mayoría de la gente cuando surge en una conversación algún fantasma, alguna vivencia sobrenatural, algo que no se pueda explicar. Es lógico y humano reaccionar así ante lo desconocido, al menos es la manera más sencilla de afrontarlo; como decía un viejo amigo <<mientras te ríes no piensas>>.

La circunferencia del planeta, la gravedad, el sistema solar, la influencia de la luna en las mareas, los pulpos gigantes, las maquinas voladoras, la energía eléctrica,…tantas y tantas cosas fueron acogidas con carcajadas, ridiculizadas como meros sueños ignorantes, y ahora vivimos con ello y lo admiramos…la ciencia acalla las burlas cuando toca algo, mientras sus dedos se acercan, y tardan siglos en ocasiones, no hay remedio para la incredulidad y sus incómodas manifestaciones.

He experimentado suficientes fenómenos inexplicables como para ser inmune a los rechazos racionales, simplemente compadezco a esa gente que no ha disfrutado de tales experiencias, tanto provocadoras de miedo como maravillosas. Lo que ocurre es que no hay palabras para expresar esas vivencias, y si las hay no soy el más indicado para unirlas de forma coherente y fiel, si bien confío en que al menos un poco de mi apasionamiento sí quede impregnado en estos párrafos, para que el lector consiga hacerse una idea.

He ofrecido centenares de conferencias en las mejores universidades (Cambridge, Harvard, Salamanca, Yale,…), ante grandes hombres y mujeres, mentes preclaras y fuertes personalidades, y puedo decir sin miedo a equivocarme que la estrella de la función siempre ha sido mi estancia en la habitación 616 del hotel Black bridge de Bangor, Maine.

No puedo dejar de estar de acuerdo con la mayoría de mis queridos escuchantes, ya que la noche que pasé en la 616 dejó su indeleble huella en mi cuerpo y en mi mente, y me es imposible olvidarlo.

En todas las conferencias leí la trascripción de mis propias palabras firmada por Gregory House, insigne doctor y amigo personal, el cuál me atendió a la salida de la habitación, grabó el afectado relato de mi experiencia y construyó la narración final con ayuda de los implicados. Utilizo su trascripción porque no sería justo confiar en mis propios recuerdos después de una noche tan traumática, tan lejana ya, y a su vez confío totalmente en la profesionalidad y objetividad de mi estimado Gregory.

Procedo pues  a  "transcribir la trascripción", si me permiten la broma.

         << El profesor se presenta en la recepción del Black bridge pasados seis minutos de las nueve de la noche del 6 de diciembre de 1973. El recepcionista le reconoce y, tras intercambiar saludos, le proporciona la llave de la habitación 616, apartada ya a la espera de su llegada.

          El recepcionista le informa de que esa misma mañana se ha efectuado una limpieza rápida y superficial de la habitación en cuestión ya que, como él sabe, ninguna empleada del hotel aceptaría pasar más de cinco minutos en esa estancia.

          El profesor deja su bolsa de aseo personal en la recepción y se dirige a la cafetería del hotel, donde el Sr. Torrance, jefe de camareros, le proporciona un termo de café que el profesor ha acordado devolver a la mañana siguiente, seguramente vacío (sic.). El profesor toma una taza en la barra de la cafetería echando un último vistazo a la documentación sobre la historia de la habitación 616:

"En la primavera de 1883, apenas dos años después de la inauguración del hotel, un vendedor de seguros  es encontrado muerto en la cama de la habitación 616, que tuvo que ser abierta después de tres días sin noticias del señor. El médico que lo reconoció achacó la muerte a un fallo cardiaco, dado el sobrepeso del hombre y su ajetreado modo de vida.

Entre septiembre y diciembre del mismo año fueron once las muertes acaecidas en dicha habitación, por una del resto del hotel en el mismo período. Seis ataques cardiacos, un ahogado en la bañera y cuatro suicidios, los dos últimos el de una mujer de 22 años y su hijo de 5 que, al contrario de lo esperable, saltó por la ventana casi cinco minutos después de su madre tras, según los testigos, pedir ayuda asomado para finalmente arrojarse y caer al lado de su madre, los dos con la misma expresión aterrorizada en el semblante. La demanda de auxilio hizo que la policía y los bomberos derribaran la puerta de la habitación en previsión de algún incendio o la presencia de algún criminal. La habitación estaba silenciosa, en calma,  y las maletas de la mujer y su hijo yacían sobre una mesa, sin abrir siquiera.

La habitación estuvo cerrada 25 años, si bien varias personas cayeron desmayadas al pasar por delante de la puerta; al final la gente pasaba corriendo como alma que lleva el diablo, escapando del misterioso influjo que llegaba más allá de sus  paredes.

En 1909 el hotel cambia de dueños y los nuevos hacen oídos sordos a las advertencias de los trabajadores, incluso cuando varios de ellos abandonan su puesto al conocer la intención de reabrir las maldita 616; prefieren abandonar su trabajo, en algunos casos desde la apertura del edificio, antes que volver a ver abierta la habitación.

La nueva dirección cree que pueden usar la leyenda de la habitación, conocida bien afuera del estado, para mejorar los resultados económicos de su inversión. Acuerdan que esa habitación pase a tener el precio de una suite, pese a ser una habitación simple con baño completo, una cama individual, una mesa, una silla y un armario . Confían en que el morbo y las excentricidades de los ricos  les den la razón, y así es.

Se forma una lista de espera de hasta dos años para ocupar la habitación, y efectivamente grandes magnates y famosos multimillonarios quieren pasar la noche en la 616 pagando más por acelerar su subida en la lista. En la boutique del hotel se ponen a la venta camisas con la leyenda Yo sobreviví a la 616 en la pechera…no se vendió ni una.

Los cuarenta primeros inquilinos de la habitación fallecieron, quince dentro y los otros veinticinco fuera del hotel, de estos diez  murieron víctima de un cáncer repentino que tardó tres meses en el más largo de los casos en consumirles. Los quince restantes realmente murieron en la habitación, pero la dirección del hotel consiguió mover los cuerpos y "quitarse el muerto de encima".

Se eliminaron las listas de espera aludiendo a un problema de humedades irreparable y tóxico, por lo que en pocos meses cesó la fiebre de la 616 y todo volvió a la calma. Bueno, hasta el 29.

La habitación estuvo casi veinte años cerrada después del nefasto comienzo de la lista de espera La dirección no quería complicarse  la existencia por un plus, y decidieron esperar a que la mala suerte se durmieses, agazapados a la espera de  ocasión propicia.

Y un jueves cualquiera del 1929 Wall Street se derrumbó, muchos millonarios cayeron en la miseria, muchos negocios quebraron y el suicidio se puso de moda. Una pintada en la mismísima puerta de Wall Street apareció a la mañana siguiente "LA 616 DEL BLACKBRIDGE, UN ÚLTIMO LUJO".

Se desconoce quién lo escribió, pero realmente fue una campaña publicitaria magistral, en el momento y el lugar adecuados, con una clientela preparada.

Fue una campaña que transformó a la 616 en la Suite de los Suicidas desde ese 1929, y así seguía siendo en el Diciembre de 1973.">>

<<El profesor consiguió el permiso del director del hotel, el Sr. Gaunt, quién negó hasta la extenuación el negocio subterráneo de la 616 como última estación para suicidas con medios. Achacaba esa historia a los medios sensacionalistas de los 30 y a la tendencia norteamericana a fabricar monumentos a la tradición con un simple pedrusco.

El Sr. Gaunt se reconoció lector de los trabajos del profesor, si bien quiso apostillar que era justo decir que era mayor el interés de su esposa por "esos temas suyos", que él los leía como ficción. Sea gracias a su esposa o a él, el caso es que el profesor obtuvo permiso para pasar la noche del 22 al 23 de diciembre de forma gratuita a cambio simplemente de una discreción absoluta hasta la publicación del trabajo resultante, en el que se subrayaría el trato profesional y encomiable del personal del hotel empezando por el Sr. Gaunt.

El profesor quería pasar la madrugada en la 616 porque siempre había defendido que todo era una campaña de publicidad iniciada a raíz de la muerte del vendedor de seguros en 1883. Desde entonces los sucesivos propietarios del negocio alimentaron la hoguera echando sus propios troncos, pues un fantasma puede hacer mucho por un hotel, de ahí que todo hotel de alto standing tiene su propio fantasma, como signo de distinción.

Que en una misma habitación se hubieran certificado santísimas muertes sin despertar el interés de la policía era poco menos que impensable, a no ser, claro, que supieran que realmente no había muertos ni nada parecido.

El profesor defendió su postura en muchas tertulias y se enfrentó en sus artículos con varios investigadores que ponían sobre la mesa la extensa documentación sobre el asunto: fotografías, actas de la policía, certificados de defunción, declaraciones de personas implicadas directa e indirectamente a  medios públicos y privados…pero el profesor no se achicaba ante las torres de papel y argumentaba que eso no eran pruebas, que era papel y letras, y cualquiera podía crearlas.

En la última tertulia en la que surgió el tema de la 616, en el café "Old Atwa" de Washington, el profesor se hartó de las mismas argumentaciones de siempre y, dando un puñetazo sobre la mesa, entre el tintineo de las cucharillas en las tazas y los ojos desorbitados de sus compañeros, clamo "No, no y no. No creeré lo que mis ojos no vean, y si para callar sus monótonas frasecillas tengo que pasar una noche en esa habitación, lo haré".

Dicho y hecho, una semana después el profesor había obtenido el permiso del Sr. Gaunt y había acordado su llegada en la noche del 22 de Diciembre. Salió del despacho con la promesa de que ningún empleado del hotel se le acercaría para intentar persuadir con historias de fantasmas y apariciones, ya que él era lo bastante maduro como para valorar lo que veía o escuchaba, y no quería hacerlo con prejuicios innecesarios.

El profesor abandonó la cafetería a las once en punto, después de releer sus papeles, saludó al Sr. Torrance, recogió su bolsa de mano en la recepción y subió al ascensor. El ascensorista era un chico joven, lo que le tranquilizó, ya que si le hubiera tocado alguno de los veteranos podría haberle intentado convencer en el último momento de que lo que estaba a punto de hacer era una verdadera locura.

Si bien era joven estaba claro que el chico conocía algo de la historia y sabía quién era el profesor, porque al llegar a la sexta planta y abrirse las compuertas musitó un "Suerte, señor" al que el profesor respondió con un "Sí" que dijo sin darse cuenta, lo que le hizo enfadarse consigo mismo por pensar que la necesitaría y con el chico por insinuarlo. Cuando el ascensor comenzó a bajar el profesor seguía inmóvil, de perfil, con la bolsa en una mano y la llave en la otra.

No lo reconoció en el momento, pero poco después el profesor estaba  seguro de que cuando el ascensor abandonó la planta y él comenzó a andar hacía el final del pasillo sintió una urgente necesidad de bajar las escaleras a saltos y abandonar ese edificio. Fue como cuando algo se encendía en el interior para recordar que se habían olvidado las llaves o un grifo, una certeza tan sobrenatural como segura. Incluso se le despertó un dolor en estómago; se paró frente a la habitación 628, inspiró y expiró ruidosamente unas cuantas veces y se regañó por el patetismo de la escena.

El malestar decreció en intensidad, pero quedó ahí, como un murmullo de algo peligroso pero lejano. El profesor lo achacó al café que había tomado y a la estúpida lectura que le había acompañado, miró el reloj y se detuvo frente a la puerta, una puerta normal, como las demás que interrumpían las paredes de ese pasillo, de madera oscura, una mirilla enmarcada en un anillo plateado y una plaquita también plateada justo encima: 616 o,  como decía el teatral Profesor Del Oso "seeeis y uno y seeeis…trece", como si eso significará algo, ya que en esa misma planta la 634 y la 627, entre otras, sumaban 13 y no pasaba nada anormal.

El profesor sonrió mientras sujetaba  la llave con los dedos índice y pulgar, y ahí empezaron los problemas.

La puerta no estaba.

Era una silueta en la pared, un trozo de papel más claro que el resto, como si se hubiera retirado un armario o algo similar, pero no era así, ahí había una puerta que daba paso a una habitación, y eso no se puede retirar como un mueble.

El profesor dio tres pasos hacia atrás, miro hacia la izquierda, al fondo del pasillo, donde estaba el ascensor, con un botón que le haría subir para poder salir de ahí. Estiró la mano para tocar el papel limpio y tocó la madera.

La puerta estaba en su sitio.

Y siempre había estado ahí, obviamente, por mucho que un atontado se hubiera dejado impresionar por los documentos que había leído, por mucho miedo que tuviera la puerta estaba donde se puso en 1880, y si una simple alucinación le hacía abandonar realmente era un cobarde bravucón.

No dejó de tocar la puerta mientras introducía la llave en la cerradura, y entonces escuchó un gemido sensual, un "uuuh" femenino y decididamente estimulante justo al llegar al fondo de la cerradura, y había salido de la misma cerradura.

"Que aproveche" dijo en voz alta al pasillo, a la habitación que fuera, giró la llave y empujó la puerta sin sacarla. El débil chirrido de las bisagras era realmente parecido al gemido ahogado de una mujer, una mujer excitada gimiendo debajo de una almohada.

El profesor sacó la llave y cerró la puerta a sus espaldas.

Ahí la tenia, la vieja 616, toda para él.

Cerró la puerta a su espalda cuando encendió la luz de la entrada, no tenía nada que ver con la habitación, solía hacerlo siempre <<Si, claro>>, era una manía. No le gustaba entrar en una habitación y cerrar la puerta a oscuras.

La habitación sería de unos 30 m2, al entrar había un pequeño pasillo de unos 2 metros y medio, en cuya parte derecha estaba la puerta que daba acceso al cuarto de baño. El profesor abrió la puerta en cuestión, accionó el interruptor de la luz sin abandonar el pasillo y entró, dejó su bolsa encima de un pequeño mueble de baño sobre ruedas que había a la derecha del lavabo; en el mueble había una cesta con artículos de baño y en las bandejas inferiores las toallas, aparentemente limpias y suaves, si bien la idea de comprobarlo no le pareció afortunada al profesor, sin saber bien porqué. Sobre el lavabo un espejo grande cubierto con una fina capa de polvo, el director le había advertido de que la limpieza en esa habitación era superficial, y obedecía al mero instinto pulcro que se supone a todo buen director de hotel.

La bañera era más bien pequeña y de un tono amarillo pálido que claramente no era su color natural, en un estante en una esquina de la bañera había un perro de porcelana, un perro gris con las orejas en punta que enseñaba los colmillos; el profesor se acercó poniéndose de puntillas evitando tocar el borde de la bañera, le llamó la atención el detallismo de la figura, tanto que se habían moldeado varios insectos blancos que poblaban las patas del perro, la técnica empleada era tal que si miraba fijamente los insectos parecían moverse.

Dirigió una última mirada de asco a la figura, pasó la mirada rápidamente por el retrete y el bidet y salió. Abandonó el pasillo y encendió las luces de la habitación, tres bombillas de vela en la lámpara del techo y una lamparilla en cada mesa de noche. La cama era algo grande para ser individual y algo escasa para dos personas, estaba cubierta por una colcha rojo oscuro y el bulto de la almohada le hizo pensar en un niño muerto que descansaba ahí debajo con los brazos pegados al tronco, probablemente con los ojos abiertos.

Rió en voz alta ante ese pensamiento tan fuera de lugar y su propia risa le resultó amenazante, como si hubiera reído el niño muerto bajo la colcha y no él.

El espacio entre el pie de la cama y la pared era escaso porque ahí se encontraba el mueble sobre el que reposaba la televisión y tras cuya portezuela podía haber algo de alcohol…o una mujer amordazada y desnuda, o quizás ahí estaba su hermano y realmente no había muerto de leucemia con 12 años, a lo mejor estaba ahí escondido y si abría la puerta le miraría con ojos de 12 años, con su cabeza desnuda e hinchada, le miraría y le diría <<eres un desgraciado, te alegró que me fuera>> y el profesor no diría nada porque en parte era cierto, y cerrará el mueble para no verle pero seguiría oyendo la respiración ahogada de su hermano la noche que murió ahogado en la cama, aunque él dijo a sus padres que no había escuchado nada.

El profesor soltó una carcajada y empezó a toser sin dejar de reír, y entonces la idea de que su hermano vivía en esa habitación le pareció real. La certeza que le invadió se le agarró al pecho y se sentó en el borde de la cama para respirar profundamente e intentar centrarse.

Un hombre con su preparación, con su reconocimiento, no podía comportarse así, no podía dejarse llevar por historias de fantasmas, no podía salir de esa habitación siendo víctima de sí mismo mientras la habitación se limitaba a eso, a ser una habitación. Rebuscó en los bolsillos de la chaqueta, sacó un caramelo de eucalipto y se lo metió en la boca…el frescor repentino le animó y volvió a ponerse en pie.

En la pared del fondo tal como se entraba en la habitación estaba el armario de una sola puerta y a su izquierda la ventana por la que tanta gente se había tirado. No la abrió porque realmente era una noche gélida y no quería perder el calor de la calefacción. Se quitó la chaqueta y se descalzó, le gustaba el tacto de la moqueta azul oscuro de la habitación, una moqueta demasiado limpia y suave como para pertenecer a una habitación que se limpiaba tan poco. Una moqueta que en cuestión de un par de minutos estaba enfriándose muy rápido, el profesor cogió el mando de la televisión y saltó a la cama, se recostó con la espalda en la pared y encendió el aparato mientras se frotaba los pies, tan fríos de repente.

La imagen apareció en la pantalla con un zumbido de estática y el profesor soltó el mando sin darse cuenta, sus dedos se aflojaron y quedaron así, como la mano de un muñeco, a medio abrir o a medio cerrar. El profesor se inclinó hacía delante y su imagen hizo lo mismo.

En la pantalla se mostraba una panorámica de la habitación tomada desde un punto que correspondía a la posición de la ventana, si bien en las cortinas no se apreciaba nada extraño, menos aún una cámara. A la derecha de la imagen la cama con el profesor observándose absorto, el brillo del televisor reflejado en su rostro, a la izquierda, tras el televisor, el pasillo a oscuras en el que no se vislumbraba la entrada al cuarto de baño. Era como un agujero alargado y totalmente negro.

<<Vaya, vaya, se han tomado en serio esto de controlarme, porque si yo me veo ellos me ven, pueden apostar. Me gustaría ver la cara del genio que ha montado esto…>>y dirigió su puño hacia la cámara invisible y estiró su dedo corazón  mientras soltaba risotadas infantiles. Obvio es que el profesor ignoraba que  no había cámara, no había mando…es más, donde él veía la televisión había una vieja radio de válvulas que probablemente no funcionaba. La dirección del hotel no quería gastar dinero en un televisor para una habitación que no se usaba. No era rentable.

En ese televisor que no existía el profesor vio algo nuevo.

El pasillo ya no era un agujero negro, ahora estaba bañado  por la luz del cuarto de baño. Un llanto crepitó en los altavoces del televisor, saturados, y a los tres segundos sonó en el baño, era un llanto de niño, un niño acatarrado porque sonaba como una vieja locomotora cuando tomaba aire.

En el televisor un niño se asomó desde la puerta del cuarto de baño, la pantalla se fundió.

En la habitación el niño se acercó arrastrando los pies.

En ese momento el profesor asegura que garabateó una nota en papel del hotel, absolutamente aterrorizado ante la inminente aparición del niño. Sintió con frialdad la evidencia de que iba a morir y tanteó en una mesilla de noche, en la que había visto una libreta de notas y una pluma, ambas con el escudo del Blackbridge. Asegura que escribió "Perdona mi soberbia, oh Dios mío, acógeme en tu seno" y arrugó la hoja dentro de un puño para no soltarla.

El niño apareció por la esquina del pasillo pero el profesor apenas pudo mirarle porque el pequeño levantó un brazo en su dirección, ante ese gesto el profesor fue levantado en el aire por una fuerza invisible para a continuación ser estrellado contra la cama. Quedó inmóvil mirando hacia el techo, pudiendo observar cómo en la lámpara bailoteaban las llamas de tres velas que habían sustituido a las bombillas.

Si bien no podía mover la cabeza el profesor era consciente de que ya no estaba acompañado solamente por el niño, sino que era evidente la presencia de varios entes rodeando la cama, agarrándole piernas y brazos, susurrando, llorando, riendo. El resultado era un ronroneo metálico, una especie de mantra incómodo y blasfemo. A baja intensidad distinguía los ladridos de un perro, le vino a la cabeza la figurita del cuarto de baño, los insectos albinos correteando por las patas.

Una mano áspero le abofeteó el lado izquierdo de la cara y quedó mirando hacia la ventana, que se abrió dejando entrar el aire gélido del exterior.

Unos dedos aparecieron en el marco inferior de la ventana y tras ellos unas manos, unos brazo y finalmente un hombre que entró en la habitación resollando y sin dejar de mirar al profesor con sus ojos en blanco; era el vendedor de seguros, la primera víctima de la habitación, y las carnes caídas y ondeantes eran el recuerdo de su exceso de peso. Sin dejar de mirarle se arrodilló y acarició al perro, que efectivamente era una réplica viva de la figura de porcelana; el perro arrancó un colgajo de piel del cuello del hombre, que no dejó de acariciarle.

Entraron al menos una veintena de personas más por la ventana, todos clavando su mirada en el profesor desde que aparecían al otro lado, todos arrodillándose un momento a acariciar al perro.

El profesor comenzó a gritar cuando sintió los colmillos del perro en su muslo derecho, primero rascando y luego hundiéndose; los gritos eran interrumpidos por bofetones propinados por diferentes manos, distintas en tamaño y textura, más todas  poseedoras de una fuerza sobrehumana, a cada golpe el cuello del profesor restallaba como una cuerda de violín desgarrada.

Sentía cómo el perro desgarraba carne, músculos y tendones en sus piernas pero el dolor era lejano, ante todo sentía los tirones, la sensación de  sus propias piernas como seres inertes.

Llegó un momento en que sus propios gritos eran ya monótonos, se sentía como un niño que no deja de llorar aunque ya se haya olvidado del porqué de su llanto. Cuando miró a su izquierda y vio a su hermano jadeando sobre su cara despertó de esa monotonía, sumergiéndose de golpe en el dolor lacerante de sus piernas desgarradas.

Se tiró de la cama y comenzó a reptar hacia la puerta ayudado de las pocas fuerzas que quedaban en sus brazos. Pudo ver de refilón cómo el perro mordisqueaba sus piernas bajo la ventana. Su hermano le seguía jadeando y escupiéndole, caminando lentamente, con la tranquilidad del cazador tras la presa agonizante.

Por mucho que quiso erguirse sobre sus muñones el profesor no alcanzó la manilla de la puerta. No dejó de golpear con los puños mientras veía acercarse al fantasma de su hermano, podía oler el odio de su hermano muerto. La idea de lo que iba a hacerle dejaba el dolor de sus muslos como algo ajeno, el lamento de un compañero de celda.

Su hermano se agachó y, sonriendo, le dijo:

-Profesor, profesor…oh, mierda…>>

Eso es lo que parece ser que exclamó el botones que consiguió abrir la puerta de la habitación tras probar varias llaves. Caí a sus pies balbuceando incoherencias, empapado en sudor y, sí, sin piernas.

Es curioso que nunca se encontraron mis piernas, por increíble que pueda parecer, si bien el perro de porcelana desde aquella noche tuvo unos adornos más, unas manchas rojas en el hocico.

Igualmente inexplicable es que al subirme a la camilla los enfermeros me administraron un sedante que relajó mi cuerpo, incluidos los dedos que seguían sujetado la supuesta nota que yo garabateé en un momento de terror. La nota en cuestión resultó ser el certificado original de defunción de mi hermano y en el dorso, en una letra parecida a la mía, se puede leer <<Jadeo, jadeo, hermano, siempre jadearé".  Cómo llegó ese documento a mi puño sigue siendo un misterio.

Realmente no soy capaz de recordar nada desde el momento en que cerré la puerta de la habitación a mis espaldas hasta que el botones me arrastró fuera profiriendo gritos a diestro y siniestro. Después de ese recuerdo caí en la inconsciencia y solamente recuerdo fugaces despertares en los meses siguientes.

Estuve ingresado 10 meses en los que me fui recuperando de varias roturas, contusiones y demás lesiones. El Doctor House apuntó pacientemente mis relatos afiebrados y, junto con lo que pudo averiguar en el hotel, confeccionó el escrito que les he mostrado y que suelo usar cuando así se me solicita.

Muchas personas no entienden cómo puedo contar una y otra vez lo que ocurrió aquella noche y mi respuesta es siempre la misma. Aunque en el fondo más primitivo de mi ser creo que me pasó todo lo que han leído y más pienso que si soy capaz de seguir contándolo y recordándolo es porque realmente no estoy seguro de que todo eso pasara, y prefiero pensar que es producto de interminable noches de fiebres altas y, justo es decirlo, la fina narrativa de mi estimado Gregory.

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Acordes y desacuerdos

Por Tankian - 5 de Febrero, 2007, 12:54, Categoría: General

Mi reto por enésima vez, aprender a tocar bien la puta guitarra eléctrica. Desde el sábado he avanzado un paso...ya tengo la guitarra, regalada por mi primo junto con un ampli.

He decidido que el ampli seguirá debajo del sofá en su bolsa de papel de Ikea hasta que yo haya completado con una mínima dignidad dos o tres cursillos básicos de estos que hay por internet: nombre de las cuerdas, las notas a las que equivalen, cómo usar la mano izquierda y la derecha, cómo usar la pua, ejercicios varios para ganar fuerza y velocidad en los dedos, los acordes...todo eso a ritmo lento primero y luego ya con seguridad, ya que mi error siempre que me he puesto a aprender es que quiero tocar demasiado rápido y la velocidad va después de la precisión, aunque aburra y te tiente varias veces a tirar la toalla.

No pretendo ser un máquina porque me pilla mayor y lento de dedos, pero poder tocar mis cositas...pues se intentará.

Aquí la guitarra (la pequeña del mástil con botones de colores que se ve al lado es la del Frets on fire, un vicio).

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1408 en oferta...que me lo quitan de las manos

Por Tankian - 1 de Febrero, 2007, 20:00, Categoría: General

Os dejo en Megaupload el relato de Stephen King llamado "1408", de su libro de relatos "Todo es eventual". Es el clásico relato de habitación de hotel encantada, y me inspiró para hacer un relato por partes que puse en este blog, salvo la última parte, que por perros cabrones os quedasteis sin ella.

Seguramente es el relato que más miedo me ha hecho pasar, y mira que he leído unos cuantos. Bajadlo y leedlo aunque sea por el curro que me ha llevado cortarlo y pasarlo a pdf, que ha tenido su miga el temita.

Lo pongo porque es la hostia, para que se callenlas bocas de los putos Bukowskis de bolsillo que no saben lo que es escribir y conectar con un lector y porque en Junio se estrena la película que adapta el relato, protagonizada por Samuel L. Jackson y John Cusak. Así que por el mismo precio os dejo el enlace para leeros el relato y el trailer de la peli, que pinta pero que muy bien.

Enlace del relato

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