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A falta de notario

Por Tankian - 28 de Febrero, 2007, 23:24, Categoría: General

Desde hace unos años tengo la convicción de que no llegaré a viejo, es más, de que me iré de este cochino mundo a una edad temprana, teniendo en cuenta de que ya veo los 29 allá en la siguiente curva.

Mis sospechas latentes se han visto reforzadas en dos ocasiones, una en la que una señora mayor se me acercó en Junio del 99 en el puerto de Alicante para cogerme del brazo y decirme “Qué pena  que un joven tan guapo vaya a morir tan joven”, dar media vuelta y pirarse dejándome ahí frío; es evidente que la mujer tenía problemas de vista y una capacidad pasmosa para encogerme la bolsa testicular.

La otra ocasión se remonta a 2001, ya en Madrid, cuando la voz de mi abuelo me dijo que me recogería “en pocos años”. Por entonces yo dormía en la casa donde habían vivido y muerto mis abuelos y no eran pocas las señales que evidenciaban que no se habían ido del todo. Muchos se reirán ante tal comentario, pero así era la cosa y la ignorancia condescendiente me puede succionar el perineo con ardor.

Ojalá recuerde esta intuición a los 90 tacos y me ría de la vieja del puerto y de la voz de mi abuelo, yo sería el principal beneficiario de tal fallo, pero con los años este sentimiento se van endureciendo y ya ni e alarman como al principio, sino que soy consciente de su existencia y la mayoría del tiempo lo acepto como algo natural, si bien me gustaría que concretara más el tema, si puede ser al menos saber el año en cuestión, sino la fecha exacta, ya que podría planear qué hacer con lo que me reste de vida, y no estaría currando una media de 190 horas al mes para ahorrar, porque si sé que me quedan 4 años iba a ahorrar mi  prima la coja.

De vez en cuando saco el tema y hablo de lo que me gustaría que se hiciera cuando palme, y después pienso que cuando llegue el día  se va a hacer lo que la gente quiera, sean mis padres, mi novia, mi hermana o quien sea, y la simple idea de que un cura de mierda pronuncie mi nombre me hace sentir que bailan sobre mi tumba, que no sé como será la sensación real, pero mi versión es jodida.

Aprovechando que este blog está al alcance de mucha gente y es seguido por unos cuantos quiero dejar escrito lo que quiero que pase el día que me pille un bus (ya estuve a milímetros), me mate con el coche (a puntito también), me peguen un tiro (exacto, también) o lo que sea.

Aunque me tome el tema con humor quiero remarcar que esto que estoy escribiendo es lo que quiero que pase, y pido llegado el momento que quien pueda y quiera lo recuerde y use este artículo como prueba.

El día que me pire de esta piltrafilla de mundo no quiero que se reúna gente a llorar y a mentir sobre lo bueno que era y lo que valía y toda esa mierda que se suelta, esas mentiras para cebarse, para inventarse lágrimas que por medios normales no saldrían. Toda la gente que ahora no me llama, que no preguntan qué tal te va la vida o lo que sea, todos los que me critican a mis espaldas, todos los que sienten vergüenza al leerme cuando escriben mierda, todos esos que se guarden sus comentarios y sus homenajes en el culo, no me interesa la falsedad y tanto payaso suelto. Yo les tranquilizo diciendo que si se  mueren yo tampoco iré a verles la cara, que no sufran por ello. No suelo perder el tiempo con la gente que no me interesa, y eso vale si están vivos o si están muertos, agradecería lo mismo.

No quiero que se me exhiba en ningún ataúd, que no se me enseñe tras un cristal como un lenguado en un escaparate, que no haya velatorio, ni nada que se le parezca. Quiero ir directo del lecho de muerte al horno, aunque supongo que hasta ahí seré víctima de la burocracia y me tendrán en un ataúd de paso o en una cámara frigorífica hasta que puedan despacharme.

No quiero que nadie grite ni se desmaye, no lo merezco y creo que esas cosas son individuales, privadas y no me gusta verlo en público, que los entierros se conviertan en competiciones de a ver quién demuestra más sufrimiento. Si puedo verlo no me gustaría, que quede claro que como fantasma no me gustará ver esas cosas.

Quiero una miniceremonia justo antes de que me metan en la incineradora, y pretendo que sea un homenaje mío a los presentes, ya que doy por supuesto que esto se dará a conocer y solamente habrá gente querida, aunque sean cuatro. Siempre he sido más de calidad que de cantidad, con todo.

La miniceremonia sería que todos escucharan tres canciones: “You take my breath away” de Queen; “All the young dudes” de Bowie y “The severed garden” de The Doors, que es Jim Morrison recitando su poema “Feast of friendo” sobre el fondo de Robby Krieger tocando el adagio de Albinoni. Cuando termine la música que se despidan de mí con un “nos vemos” o un “hasta la vista”, nunca un “adiós”.

Mis cenizas quiero que se las quede mi pareja, y si no quiere pues que se tiren en un bosque, en alguno tranquilo, sin carreteras cerca, con muchos árboles. Como única lápida que se deje en el bosque un piedra con la inscripción “Estoy por aquí, llámame”, que es una frase chorra, pero me gusta.

 Si no es así pues que se quede las cenizas y no quiero tumba ni nada de eso, y en el recipiente donde me metan en mi versión más polvorienta no quiero ningún signo religioso, ni angelito, ni vírgenes y mucho menos una cruz, que como signo bajo el que se ha masacrado puede darle lecciones a la mismísima esvástica.

No quiero nada relacionado con la iglesia en mi muerte, no quiero ni olerlos, y si alguien se pasa por el arco mi deseo y monta una misa de recuerdo o algo así maldigo a todos los que vayan por no respetarme y por ser tan penosos como para formar parte de ese espectáculo.

Ya más adelante me gustaría que mi pareja fuera incinerada y sus cenizas y las mías se mezclaran y se esparcieran por un bosque, pero eso ya es una hipótesis porque ya no depende de mí.

Ah, muy importante, que se me incinere en pelotas, no quiero mortajas ni trajes, que son muy incómodos y no me gustan.

 

Sobre la forma de morir no tengo predilección por ninguna en particular, aunque no me importaría irme a dormir y no despertarme. Lo que si pido a quien corresponda es no morir asfixiado, quemado ni torturado, porque morir no me da miedo, pero esas tres cosas sí, soy así de tiquismiquis.

Pues nada más, que reitero que lo expuesto aquí es lo que quiero realmente y si no se cumple confío en que haya algo más allá de la muerte, qué estoy seguro de ello, para hacerles la vida imposible.

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