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Junio del 2007

Cap. VIII

Por Tankian - 29 de Junio, 2007, 12:53, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

VIII

Charlie esperaba, o más bien deseaba escuchar una respuesta sencilla, campechana, como: “bueno, me hago mayor y llevo en este pueblo toda la vida, quiero conocer mundo el tiempo que me queda”, una palmadita en el hombro y una carcajada bonachona, pero algo en su interior trataba de convencerle de que no era la respuesta que iba a obtener por parte del arrugado Geoffrey Gaunt.

- Bueno, la verdad es que es como una tradición familiar. Tengo 73 años, que es la edad a la que murió el primero de nuestra familia, y desde entonces vivos o muertos nos retiramos y dejamos el negocio a nuestro descendiente, pero claro, yo he tenido una vida muy célibe.- Lo cual suscitó una sonrisa amable en ambos.- así que aquí estamos, cumpliendo con la tradición.

- Bueno, esperaba algo más simple, no sé, más cotidiano.

- Comprendo que alguien acostumbrado a coger el coche todos los días y ponerse ese endemoniado cachivache en las orejas para oír música por la calle se sienta…no sé…se sienta incomodado ante estas cosas, pero le aseguro que aquí son algo de lo más normal.

- No, por favor, no me malinterprete, me refería a que es un motivo personal en el cual yo no tengo opinión ninguna. De todos modos, ¿no va a echar de menos esto?

- Bueno.- comenzó el viejo Gaunt, suspirando, mientras acariciaba la empobrecida madera de la enorme estantería.- la verdad es que creo que sí, pero bueno, quien soy yo para romper la tradición, ¿no?

- Hombre, la verdad es que si aun se encuentra usted con fuerzas y ganas de seguir podría no romper, pero sí atrasar un poco la tradición, incluso crear usted una nueva. Tal vez haya algo más por lo que usted no este cómodo aquí.

Y a las palabras las acompañó un silencio sepulcral, que aunque durase 5 segundos a Charlie le pareció una vida entera. El señor Gaunt cambió repentinamente su mirada, su rostro se enturbió, escrutando los pensamientos de Charlie, uno a uno.

- Mire, señor Combs, no entiendo muy bien que trata usted de encontrar, ni siquiera sé si usted mismo conoce aquello que busca, pero yo hablo claro y mis palabras han sido muy, muy exactas, ¿de acuerdo?

Charlie dudó por un instante ante aquel brusco cambio de actitud y, al rato, recobró el aliento.

- Claro, señor Gaunt.

Gaunt levantó sus canosas y pobladas cejas, sonrió y continuó con la conversación.

- Muy bien, ahora nos entendemos. Entonces, ¿pongamos que se lo dejo en unos 17 millones?

- Déjeme un momento para recapacitar.

- Por supuesto, pero no olvide su promesa, una respuesta inmediata.- Y Gaunt apuntó con su largísimo dedo hacia su frente, dando golpecitos lentos y sincopados, en un tono burlón pero agradable. Charlie sonrió. Gaunt sonrió.

Charlie salió a la entrada de la librería con el vaso de limonada aun fresca en la mano y miró a su alrededor. Charlie trataba de convencerse a sí mismo de que todo lo sucedido en su llegada al pueblo había sido un mal fario. A menudo pasa, una cosa te sale mal y entonces todo empiezo a derrumbarse cuesta abajo, pero, al final del despeñadero, siempre aparecía una librería preciosa que podría cambiar el rumbo de tu vida, ¿no es así?

No podía convencerse tan fácilmente. Algo le rondaba la cabeza, algo le detenía y clavaba sus uñas en su alma, succionando su voluntad y susurrándole, pero no entendía que decía la voz. ¿Qué quieres de Charlie?, ¿acaso no puede retomar su vida? Pero la voz no escuchaba, la voz hacía caso omiso, flotaba alrededor de Charlie y le sumía en un mar de dudas. Pero la voz se apagó y, entonces, Charlie se decidió.

Entró en la tienda totalmente convencido, con el paso firme y sereno para darle una contestación final a aquel extraño anciano.

- Me la quedo.

- ¿Está usted seguro?, le aseguro que luego no admitiré devoluciones.

- Le aseguro que no va a saber nada más de mí.

- Muy bien, entonces cerremos el trato.

Charlie y Gaunt estrecharon sus manos, ultimaron los detalles del traspaso y se despidieron.

Ya en el coche, al pasar por el puente, Charlie se detuvo sobre los tablones de madera. Apagó el coche y dejó caer su cabeza sobre el volante.

¿Qué quieres decirme?

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Un mal necesario

Por Tankian - 28 de Junio, 2007, 12:45, Categoría: General

No me gusta lo militar, no desde 1945 hacia acá, y es que después de eso que se sigan fabricando armas y enseñando a gente a usarlas me parece vergonzoso. No me interesa nada que tenga que ver con los ejércitos actuales, no me gusta lo que representan. Pero no soy tonto, o no tanto.

Uno ve manifestaciones, lee manifiestos que dicen que tienen que desaparecer los ejércitos, que los soldados son asesinos,…claro, vamos a disolver el ejército y sustituimos la bandera gigante de Colón por una más grande todavía y blanca blanquísima; con ese coherente gesto seguro que nadie nos ataca ni nos hace pupa.

Aunque no nos guste llevamos muchos siglos matándonos, se han creado, dividido y borrado imperios, reinos, países…se podría decir sin miedo a equivocarse que debemos grandes avances y cosas cojonudas que disfrutamos ahora a mucha sangre derramada y muchas burradas que se han vivido en numerosos campos de batalla. Es una mierda pero somos así, por mucho que tengamos dvd, pc, mp3, pda y todo eso seguimos queriendo lo que es nuestro y seguimos teniendo esos impulsos que ahora pasamos la vida frenando.

Los ejércitos son necesarios y como es así uno puede rechazar lo que significa que tengan que existir, pero mientras las cosas sigan como están  son imprescindibles. Desarrollan una labor humanitaria que realmente no valoramos lo suficiente, por hacer ese tipo de cosas muchos siguen exculpando a la iglesia después de siglos negros.

Yo mismo tengo dos primos hermanos militares de los que quieren serlo, profesionales, que cobran por ello y se han metido porque les atraía, ya sea por el dinero o por vocación, eso es otra cuestión. El caso es que uno de ellos es sargento y el año pasado estuvo unos meses en Kosovo, y allí ya no hay tiros, la guerra terminó hace unos años; los soldados están allí porque desde que se acabó el conflicto ya no vemos esa zona por la tele y pensamos que todo está cojonudamente, y no es así, por allí las cosas siguen mal y la gente tiene pánico, desconfían de todo y necesitan gente que les ayude a volver a empezar, y los soldados están allí para eso.

Otra cosa es toda esa caspa y ese fanatismo inherente al castrismo, esos que confían en que un día de estos salan los tanques a la calle y esto vuelva a ser la Es pa ñaaa que tiene que ser. Realmente creo que se debería dejar claro que el ejército va con los tiempos y, aunque comparado con la Iglesia son modernos que te rilas, cortarles las alitas a tanto gañan. Supongo que la inexorabilidad de la naturaleza irá rejuveneciendo las altas escalas militares y todo ese olor a rancio desparecerá del todo.

Eso sí, yo odio lo militar pero reconozco su valor en la actualidad, pero lo que no entiendo es con qué razones se manda a chavales de 18 o 19 años a lugares conflictivos y además sin la protección necesaria.

Yo no hice la mili porque coincidiendo con mi última prórroga por la universidad se acabó el rollo, y de todos modos no la habría hecho, habría cumplido el trámite en la cruz roja o algo por el estilo, habría sido igualmente útil pero no habría traicionado mis principios. De todos modos no sé como sería la mili en tiempos de mi padre, que decía aquello que tanto hemos oído de “Lo que te hace falta a ti es hacer la mili, a ver si espabilas”, porque a todos los de mi generación que han cumplido el servicio militar les he oído lo mismo, que se pasaron los meses tocándose los huevos y trotando.

Mucha mierda de saludar a los jefes, que si, señor, lo que diga, señor, a fregar con el cepillo el suelo, soldado, a hacer flexiones…mucha mierda de esa disciplina denigrante que tantos machos ha creado (y tantos suicidio y mano dura familiar a provocado) pero eso cuando se te ponen delante unos fundamentalistas no te sirve para nada. A lo mejor me equivoco y si le dices a Mohamed que no dispare, señor, que le hago unas flexiones, a lo mejor el hombre te deja ir.

Esta semana han muerto 6 chavales en el Líbano, el más joven de 18 y el mayor de 21, varios de ellos en el ejército por la seguridad económica según sus familiares. Estaban allí para ayudar a la gente, para calmar los ánimos y evitar otros años de muertos en esa zona tan castigada, pero se sabe que los grupos terroristas siguen dando palos y que allí hay que tener en cuenta la posibilidad de atentados, se sabe porque cuando se les mandó allí se reconoció el riesgo.

El tema es el de siempre, que estamos explotados como cabrones para con nuestro dinero hacer más ricos a los ricos, para que los políticos vivan por encima de sus posibilidades, para todas las tonterías que quieras, pero los chavales que van allí a dar el callo han sido reventados dentro de un carro español porque es una mierda no preparada para bombas sin refuerzos ni inhibidor de frecuencia, que se ve que los han agotado para los coches de los ministros, alcaldes, concejales, empresarios y demás escoria, porque esos sí que no salen a la calle sin su cochazo blindado y con su antenita inhibidora, y eso que no están en territorio enemigo, o sí.  Que le hablen a Aznar de blindajes, que a lo mejor puede contestar sin que se le note la enfermedad mental que le padecemos.

En fin, mis condolencias a las familias  de estos chavales y, como cantaba Serj Tankian

Why don't presidents fight the war?

Why do they always send the poor?

 

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Cap. VII

Por Tankian - 28 de Junio, 2007, 12:44, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

VII

La librería ocupaba la planta baja de una casa de madera oscura de tres plantas que estaba separada del muro del cementerio por un estrecho pasillo al fondo del que se adivinaba una extensión de vegetación salvaje.

-Con estos vecinos no tendrá problemas de ruidos-no le hacía gracia su propio comentario, pero ese anciano le parecía menos afable que por teléfono y pretendía romper el hielo. Gaunt se giró y le miró frunciendo el ceño, miró hacia el cementerio y volvió clavarle los ojos. Charlie se tensó ante la de repente evidente necesidad de salir corriendo, de huir de ese hombre.

-No, diablos, no…son muy formales- y se carcajeó rascándose la cabeza, y Charlie lo hizo más alto todavía, liberó la tensión golpeándose los muslos con las manos. Gaunt calló y él no tardo un segundo en secundarle, por si las moscas.

Entraron en la librería, Hendrix se quedó sentado al sol, mirando hacia la carretera, cuando Charlie iba a llamarle volvió la cabeza y con la mirada le dijo que le esperaba ahí mismo.

-Espere aquí, señor Combs, tengo una limonada en la nevera y por lo que está sudando estoy seguro de que me la va a agradecer- desapareció por una puerta detrás de un pequeño mostrador sin esperar una contestación.

Charlie observó la tienda y puede decirse que fue un flechazo; olvidó el puente, el cementerio y su maldita cruz, solamente quería beberse de un trago un vaso de limonada bien fría y firmar lo que le pusieran delante.

La librería propiamente dicha, desde la puerta hasta el mostrador, eran unos 60 m2, casi la mitad de la que había vendido en Castle Rock, de sobra para un pueblo como Kickapoo y, según unos cálculos improvisados, teniendo en cuenta las diferencias entre uno y otro sitios estaba prácticamente seguro de que el dinero de la venta le bastaría para comprar toda la casa, si es que no le sobraba algo. Las paredes laterales desde la puerta estaban cubiertas de suelo  a  techo (unos 3 metros)  por unas estanterías de algo más de diez pisos bien surtidas, con pocos huecos visibles. En la pared de entrada la puerta estaba escoltada por tres expositores giratorios repletos de best sellers de bolsillo, desde la colección de lomo rosa Mary Higgins Clark a la serie de Misery de Paul Sheldon, sin olvidar  unos cuantos libros de autoayuda escritos en dos días.

En la pared opuesta no había libros, a la izquierda el mencionado mostrador 1’5m de ancho, la puerta del almacén a la derecha de la pared, sobre ella apoyada una larga escalera mecánica con ruedas,  en el centro un mapa enorme de Maine con una langosta dibujada en cada esquina y tras el mostrador la puerta por la que ya volvía Gaunt con una jarra de limonada en una mano y dos jarras en la otra.

-Veo que la primera impresión ha sido buena- llenó las dos jarras y le tendió una a Charlie. Estaba deliciosa, demasiado deliciosa, bebió tanto seguido que los dientes le pinchaban- Ahora le enseñaré el almacén, que es casi tan grande como  esto, tras la puerta por la que he ido y vuelto hay una pequeña cocina que tiene salida al jardín trasero, abandonado desde hace mucho porque no me interesa demasiado la jardinería, pero con grandes posibilidades si le gusta ese mundillo, o eso me ha dicho mucha gente. Al lado de la cocina está la escalera que comunica con los dos pisos superiores, han sido los aposentos de mi familia desde la fundación del pueblo y doy por hecho que los querrá adquirir…

-Ciertamente había pensado en el paquete completo, sí, a no ser que haya algún inconveniente-

-No, ninguno, de hecho en cuanto cerremos el trato comenzaré a empacar y el día que llegue usted yo ya estaré bien lejos de Kickapoo.

Charlie apuró la jarra y se apoyó en el mostrador, estaba caliente, era agradable.

-Bien, señor Gaunt, cuénteme por qué deja esta maravilla, ponga una cantidad y le prometo una respuesta inmediata

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SICKO, así somos

Por Tankian - 27 de Junio, 2007, 0:21, Categoría: Cine

En el documental “Sicko” Michael Moore hace una pausa y se pregunta y nos pregunta a todos <<¿Esto es lo que somos?...¿En esto nos hemos convertido?>>.

Tendríamos que pensar en ello de vez en cuando porque uno ya se lo pregunta con asco, la repugnancia  de cuestionarse la propia humanidad que se nos supone.

En ese caso concreto Moore se hace la pregunta porque acaba de hablar de una práctica habitual en los hospitales de Los Ángeles, en los que se ha puesto de moda abandonar en la calle a los pacientes que no tienen dinero para pagar la cuenta, sea cual sea su estado, edad, raza, sexualidad…en eso sí son universales.

La grabación de las cámaras de seguridad de una calle de L. A. muestra un coche que frena al borde de la acera prácticamente fuera de cuadro, a continuación aparece una figura blanca que se mueve despacio calle arriba y luego en dirección contraria, y cuando uno se fija con más detalle se da cuenta de que ese espectro es una anciana vestida con una bata de hospital, una señora que ha sido tirada en la calle como si fuera una bolsa de basura por tipejos que podrían ser sus nietos.

La gente que hace esas cosas es la misma que nos saluda al cruzarnos por la escalera, en el autobús, que pasea con sus niños por el parque…la gente mala no lo anuncia por ahí, parece normal pero no lo es, y cada vez son más.

Recomiendo vivamente “Sicko” porque no es solamente un palo tremendo al sistema sanitario de USA, que también; ese documental habla de cosas que vemos todos los días, del egoísmo, de la falta de pudor, del ansia de poder, de la crueldad…de todas las cosas podridas que viven con nosotros y que parecen personas a primera vista

Y de paso te dirás que no estamos tan mal como pensabas, porque si Moore pone como ejemplos a seguir Francia, Reino Unido y Cuba creo que nuestro sistema sanitario comparado con el norteamericano es un lujo, y si no lo creéis bajadlo, porque a este paso está chungo que se estrene, ya que Moore y los productores están perseguidos por el gobierno de Bush, tanto que quieren meter al director en la trena por violar el bloqueo a Cuba.

Se rumorea que el propio Moore soltó el documental en youtube (retirado horas después) y en las redes p2p viendo lo que se le viene encima. Que sea una copia en DVDRIP sin marca de ningún tipo antes de ser estrenada hace bastante posible ese rumor.

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Cap. VI

Por Tankian - 24 de Junio, 2007, 6:33, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

                                                              VI

Después del cementerio a la derecha, ahí debía comenzar todo. Pero, ¿por qué no podía Charlie comenzar de nuevo?, ¿por qué Laura le había seguido hasta aquí y para qué? Charlie nunca había creído mucho en esas historias de fantasmas y apariciones paranormales, pero ahora estaba sufriendo un tratamiento de shock contra eso, porque ella era real. Todo esto era lo que rondaba su cabeza mientras se acercaba lentamente, frotándose las manos para disimular el temblor, esperando ver aparecer la fachada de la librería.

Y una sonrisa apareció en el hasta entonces pálido y lúgubre rostro de Charlie. Paró el coche, abrió la puerta, se bajó y contempló la naturaleza que rodeaba el pequeño pueblecito.

Extensos prados verdes corrían a lo largo y ancho de lo que podía verse, toda la vista se inundaba en cataratas de la paz y la tranquilidad que los bosques rezumaban. El pueblo no debería acoger más de unas 300 personas, era un pueblo acogedor, como una estación del tiempo en la que el tren no había vuelto a pasar desde hacía mucho, mucho tiempo. Las montañas cercaban el condado entero, por lo que la carretera acaba en el pueblo. No podía encontrase nada a muchos kilómetros a la redonda, solo fina y húmeda hierba, majestuosos árboles y montañas sublimes que con sus redondeados picos se estiraban para rasgar el cielo sobre toda la vida y la muerte de la tierra.

Charlie dejó de sonreír. Subió de nuevo al coche y siguió su camino.

El cementerio estaba custodiado por una gran puerta de roca que mostraba grabados en los laterales. Charlie aparcó al lado del cementerio y se bajó para verlo más de cerca.

Al acercarse lo primero en lo que se paró a mirar fue aquellas inscripciones. No sabía que podrían decir, la verdad es que en general poca gente lo sabría, ni siquiera la del pueblo, pues aunque parecía inglés o algún dialecto parecido, estaba escrito en vertical y con símbolos desconocidos al menos para él entre las palabras.

Retrocedió un par de pasos para ver la entrada completa y esta eclipsaba casi totalmente el ligero sol que se escondía temeroso tras las nubes que se agolpaban sobre Kickapoo. Bajó la cabeza y entró en el cementerio, mirando a un lado y a otro, caminando lentamente como un turista interesado. El cementerio había sido edificado en un pequeño montículo y las tumbas estaban algunas medio derruidas y muy mal planificadas, como si se hubieran hecho con prisa. Otras tumbas sin embargo eran obras de arte, macabras, pero obras de arte. Pequeños mausoleos se desperdigaban por el cementerio. Figuras de la muerte arrancando el alma de personas moribundas con un rostro de pánico que sobrecogía tu propio espíritu, mujeres ahorcadas con los ojos abiertos, mirando al frente, clavando sus desorbitados ojos en los visitantes que la contemplaban, desafiante. Eso no le trajo buenos recuerdos a Charlie.

Siguió caminando y al llegar a la cumbre del montículo se encontraba en una planicie no demasiado grande, pero extrañamente no tenía ninguna tumba, o alguna estatua del alcalde o algo del estilo, sino que sólo había una cruz negra como la noche, y a sus pies una roca, una pequeña roca que decía…

- ¿Señor Combs?

- Oh, sí, soy yo, ¿es usted el señor Gaunt? – Contestó aun jadeando por el repentino susto.

- Ja ja ja, lamento haberle asustado, hay que estar preparado ¿eh?

- Sí, claro. – rió tímidamente, agachando la mirada.

- Es un recuerdo, de nuestros antepasados fundadores, todos los de este pueblo provenimos de los mismos antecesores.

- ¿De verdad?, ahora que estoy aquí podría informarme un poco.

- Ni falta que le hace hombre, lo que quiera saber me lo puede preguntar a mí.

- Bueno, la verdad es que me gusta leer e informarme por mí mismo.

- Usted verá, no soy su maldito padre.

Geoffrey Gaunt dio media vuelta y se alejó del montículo mientras Charlie recapacitaba frente a la oscura cruz que presidía el cementerio. A lo lejos creyó ver algo, como una figura, diluida como si fuese un reflejo en el agua que levantaba el brazo derecho sobre su cabeza. Era ella, seguro.

Cuando se dispuso a bajar, un cachorrillo subió trotando la colina y se paró junto a él. Era negro, como un color negro fuego con las patas marrones y el pecho y los dedos blancos. No debería tener más de unos pocos meses.

- Ey chavalín, ¿te has perdido? – Preguntó mientras se arrodillaba para estar más cerca de él.

El cachorrillo se le arrimó y se tumbó sobre sus piernas

- Sí, seguro que sí. Así que ahora te vas a quedar conmigo. Te llamaré… Hendrix, eso es.

Geoffrey Gaunt se acercó de nuevo.

- Entonces… ¿vamos a ver su nueva librería?

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El hombre vela

Por Tankian - 23 de Junio, 2007, 3:03, Categoría: Paranoids

El estallido, el impacto, la onda expansiva, la sensación de que lo que tiene delante de sus ojos se estira y se encoge con una succión monstruosa, el aguijonazo de sus tímpanos reventando.

El calor, la sensación roja que le empuja y le pega contra el mostrador, los lengüetazos que le abrasan. Entre el murmullo del horror recuerda en lo que parece la vida de otro aquella tarde sentado en el suelo viendo “El mago de Oz”, y en la pantalla en blanco y negro que le reserva la sorpresa del color para años más tarde la bruja perversa grita “Me derrito, Me derrito!!!” y él lanza alaridos.

Se derrite, se mira los brazos y son de cera y el dolor lacerante es el hilo que le une con la realidad, agradece la carnalidad del dolor porque se va a volver loco, su cuerpo es una vela hecha jirones.

Antorchas corren por los pasillos, chocan unas con otras y los gritos se adivinan bajo el crepitar de las llamas.

El hombre vela quiere que le soplen, un soplido agradable de abuela, una pequeña ráfaga  refrescante.

Recuerda los pies de la bruja bajo la casa y se lanza a la carrera hacia la luz de la calle, esquiva antorchas humanas con los ojos enrojecidos. Afuera todos soplan, lo sabe.

Seguimos soplando al hombre vela.

20 años después del atentado de ETA en el Hipercor de Barcelona las víctimas siguen pidiendo ayuda, se sienten olvidadas. En todos nosotros está aliviarles, cada uno como pueda.

El hombre vela dice en la radio que mientras los políticos les usen no se solucionará nada.

Soplemos.

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La Queen y yo

Por Tankian - 14 de Junio, 2007, 23:13, Categoría: General

Nací en 1978, es decir, cuando la mayoría de grupos que me gustan ya habían dado lo mejor de sí mismos. En los 80 hay cosas buenas, pero el nivel general es bastante hortera y la calidad musical pasó a un segundo plano. Realmente cuando empecé a tener edad de escuchar la música que me atraía el panorama era bastante deprimente, realmente los 90 han sido la peor década musicalmente que conozco, aunque esta en la que navegamos está sudando por quitarle el título.

Mis primeros recuerdos musicales son un estreno en un cine de Irún de una película de Parchis, y en esos primeros flashes brumosos resuenan Enrique y Ana (qué mortífero me parecía el mensaje de caca-culo-pedo-pis…pis-pis, para hurgar en la herida), Torrebruno y demás fauna. Ciertamente mis recuerdos musicales nacen en Irún, incluso uno que no valoré a mis 4 o 5 años de entonces y ahora recuerdo por su importancia en el futuro.

El caso es que a esa tierna edad estaba yo en la salita de la casa de Irún tirado en el suelo y mi padre veía la tele sentado en el sofá; yo andaba ocupado dibujando y sin prestar atención a la televisión cuando mi padre exclamó “Mira, mira, cómo canta este tío, qué voz” (parece mentira que recuerde la frase exactamente como la dijo después de tanto tiempo), yo levanté la mirada y vi a un señor con un traje bajando unas escaleras y cantando muy alto. Era Freddie Mercury en el videoclip de su gloriosa versión del “the Great Pretender” de los Platters,

cuando vi ese video tiempo después me vino con fuerza ese primer vistazo, y volvió varias veces cuando mi padre aborreció a ese tío que cantaba tan bien hasta el punto de prohibirme escucharlo.

Me lo prohibió porque el primer trimestre en el instituto decidí permitirme un poco de despelote y suspendí 5 de las 12 o 13 asignaturas que tenía, y para lo bien que me lo pasé aún me parecen pocas. Llegó a la brillante conclusión que la causa era escuchar tanto al maricón ese. En la siguiente evaluación ya lo había recuperado todo y acabé ese curso con una media de notable, y eso que me seguí divirtiendo bastante y escuchando Queen, con más ganas si cabe.

Descubrí a Queen en  5º de EGB más o menos, y fue a raíz de ver “Los inmortales”, una película que marcó a mi generación sobretodo porque nos descubrió a Queen. La vi en la casa de Eduardo, un vecino que tenía el salón lleno de VHS y varios reproductores que interconectaba con muchos cables y que me tenía flipado, me sentía como Marty McFly en el garaje de Doc.

Un compañero de clase, Raúl, me grabó el A kind of magic  en una cinta Basf naranja que era mi pendrive se entonces, siempre conmigo. Lo flipé y entendí que ese grupo había nacido para mí, era el tipo de música que buscaba y que no había encontrado hasta entonces.

A los ocho años, ya en Alicante, dije basta; si Oskar decidió dejar de crecer en El tambor de hojalata yo decidí no aceptar más música de mierda para niños, no rompí el vinilo de Heidi porque mi madre me lo impidió, que si no a tomar por culo Heidi, Pedro, Niebla, el gavilán y tos sus muertos. La única voz adulta que me apoyó fue mi tía, llevando la contraria a mi madre me compró el disco que me parecía más alucinante y majestuoso de la historia…el The final countdown de Europe.

Por aquel entonces en mi alarido rebelde buscaba lo que me pedía el cuerpo, potencia, guitarras, gritos…no sabía realmente la pinta que tenía mi grial, pero La década prodigiosa, Mecano o Los secretos no eran lo que ansiaba, sino todo lo contrario. Mi misión era pisar la senda oscura, salirme del camino de baldosas amarillas…el heavy me llamaba.

En mis últimos años de colegio escuché todo lo de Iron Maiden, Wasp, Metallica y compañía que pude encontrar, normalmente hablando con chicos mayores que yo, porque lo mío no era muy normal. No conseguí que mi madre me pusiera parches de Eddie en la ropa, pero los llevaba en los libros del colegio, llenaba los cuadernos de calaveras y melenudos con pantalones de cuero.

Molaban, pero no eran exactamente la música que me faltaba. Era Queen.

Siempre me gustará Queen, es imposible lo contrario. Desde que los descubrí hasta más o menos los 22 o 23 años los he escuchado casi a diario y he sido un friki del grupo, eran lo más de lo más. Desde entonces paso grandes temporadas sin escucharlos y siempre me pasa lo mismo, cuando vuelvo a escucharlos me parecen mejores de lo que recordaba, más geniales. Por eso sé que nunca dejarán de ser mi grupo favorito.

Tengo varios grupos y artistas varios que me conmueven de una u otra manera: Metallica (ha sido desde hace poco cuando he descubierto lo grandes que son, y escuchar versiones de ellos como las que perpetraron Avril Lavigne o Apocalyptica han contribuido a este hallazgo), The Doors (tiene su propia historia mi llegada este grupo mágico y nunca suficientemente valorado, algún día la contaré), Red Hot Chili Peppers (a partir de Californication, al contrario que la mayoría), Marilyn Manson (aunque su último trabajo me ha decepcionado creo que es un artista necesario y musicalmente no tan valorado como merece porque muchas miradas no pasan de su fachada), Extremoduro (eso sí es un poeta y un musicazo, no el duermevacas de Dylan, flamante premio príncipe de Asturias), desde hace un tiempo System of a Down,  que muchas veces me hacen dudar de la supremacía de los Queen, porque me parecen un grupo más allá de los otros que he citado, por letras, por composición, por ejecución, por voz, por compromiso…son gigantescos los SOAD. Eso sí, me pongo Queen y joder, Freddie es mucho Freddie, seguramente es una de las influencias de todos los que he citado en este párrafo, y si no debería.

Así se disculpó Freddie por no acudir a una convención de fans...así da gusto. (la foto no es la mejor pero es lo que había en el youtube).

Como decía un inglés cuando iba fumado en mis días de Cambridge “Si no te emociona escuchar a Freddie es que no te late el corazón, cabrón”

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Cap. V

Por Tankian - 14 de Junio, 2007, 13:15, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

V

Charles Combs paró en el arcén al pasar el puente, se apeó y giró sobre sus talones, el resplandor de las montañas teñían de rojo la arenilla bajo sus pies, pensó en Marte y el puente como una puerta entre dos planetas, pensó eso y antes de que le brotara una sonrisa un puñetazo de pánico le hizo tambalear, se apoyó en el coche, buscó en la guantera el paquete de tabaco que reposaba entre las multas desde hacía unos 10 años y se lo llevó a la boca, recordó que tenía que encenderlo y lo hizo con el mechero del Ford, que despidió un hedor a carne quemada que terminó por desenterrar el recuerdo que acababa de llenarle la cabeza.

No hacía un mes de ello, pero por algún motivo desconocido su cabeza lo había borrado y en ese atardecer en el que llegó a su nuevo hogar lo que había permanecido oculto había decidido dar un par de gritos. Mientras daba caladas torpes al cigarrillo recordó la primera vez que cruzó ese puente. Recordó a Morrison cantando sobre besar la lengua de la serpiente, el nerviosismo ridículo ante la visita a Geoffrey Gaunt, la ilusión ante la nueva aventura, recordó el calor…

…el indicador que marcaba la entrada al condado de Waitfull compartía poste con la señalización del puente, si bien no había reparado en ningún río cuando consultó el trayecto entre Castle Rock y Kickapoo. Parecía que el río Lee no había parecido digno de mención para la empresa que había editado el mapa.

Sobre el dibujo de la silueta del puente había un cachorro de gato crucificado.

Al principio Charles pensó que era una mancha de óxido, pero conforme se iba acercando la mancha se transformaba en un trozo de piel marrón hasta que el fulgor de lo ojos verdes anormalmente abiertos y la dentadura sobresaliendo por la boca abierta en una O negra le despejaron las dudas. Un pobre gatito atravesado por tornillos marrones grotescamente grandes.

Llegó al puente cuando el locutor de la SK daba paso a "The End", le pareció un bonito detalle y subió el volumen, de paso alejaba el recuerdo de su sombría bienvenida al condado. Se suponía que estaba a un rato de formalizar el inicio de una nueva vida, una vida tranquila y luminosa; eso valía más que una macabra travesura, qué diablos.

El coche vibraba al atravesar el puente, curiosamente hecho con tablones claramente cortados y barnizados a mano. Después de tantos años entre cemento y acero ese detalle le hacía sentirse como John Smith arribando a la tierra de Pocahontas.

Si bien Pocahontas no se había volado los sesos.

Subió un punto más el volumen y cantó por encima, los nudillos blancos estrujando el volante. Acababa de cruzar el puente cuando Laura le toco el hombro.

Frenó tan bruscamente que se golpeó los dientes contra sus propios dedos,  el coche quedó atravesado en el camino, la canción terminó y la radio se apagó. Sola.

Charlie bajó del coche despacio, con la mirada clavada en el capó, sintió el escozor en los dedos como algo muy lejano, un ligero murmullo sin importancia. Cuando apoyó la mano en el respaldo del asiento para no perder el equilibrio Laura se la cubrió con la suya, le congeló al instante y le habló.

Cuando Charlie recuperó la movilidad el sol estaba en su punto más alto, el agua del río era más ruidosa y habían pasado cuarenta minutos en el reloj del coche.

No se preguntó qué había hecho de pie mirando el puente durante tanto tiempo, simplemente arrancó, encendió la radio y al cabo de cinco minutos aparcó frente a la librería Gaunt, pegada al cementerio, como le había indicado el señor Gaunt…

…La certeza de haber compartido cuarenta minutos con su esposa muerta le impedía subir al coche, estaba seguro de que en cuanto arrancara esa mano gélida le rodearía el cuello. Permaneció fuera hasta que en el horizonte la noche ya vibraba, intentando recordar lo que le dijo su mujer; estaba convencido de que si había vuelto era para advertirle. Le había hablado al cruzar el puente por primera vez y se lo había recordado ahora, al volver a cruzarlo.

¿Qué quieres decirme, Laura? ¿Por qué no me dejas seguir con mi vida?

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El valor de los testimonios

Por Tankian - 12 de Junio, 2007, 0:13, Categoría: General

Leía el otro día una entrevista a un juez del TIJ (Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya), Buergenthal, que pasó por dos campos de exterminio nazis siendo niño. Un entrevista interesantísima, máxime cuando tiene esa obsesión por el tema del holocausto, quizás por la comprobación de que los hombres puedan llegar a esas cimas de monstruosidad y que tanto horror pariera a tantos héroes y mártires que nos dejan un regusto dulce hablando de tanta locura. Es digno de estudio que algo tan horrible obsesione a tanta gente.

Una de las preguntas me ha hecho pensar, dejé la revista abandonada unos instantes repitiéndome la cuestión  No la recuerdo exactamente, pero venía a decir que cuando desaparezcan los testigos de aquellos tiempos la historia se tergiversará y las futuras generaciones tendrán que creer lo que les cuenten.

Buergenthal contestó que eso ya está pasando, que muchos historiadores, periodistas, intelectuales…están reinventando pequeños detalles de aquella historia que pueden parecer nimios pero que, como comenta la periodista a continuación, son vitales porque la historia se compone de esos detalles, y se empieza por un poco para cambiarlo todo.

Actualmente son constantes las noticias de descubrimientos arqueológicos y análisis con nuevas tecnologías que desmontan axiomas históricos. El asunto es que la historia la escriben los hombres y los hombres opinan, y cada cuál plasma lo que ve procesándolo previamente, filtrando y sacando lecturas con más o menos intención.

No hace mucho hablaba Pérez Reverte de la polémica de la película 300, sobre la impresionante batalla entre persas y , y aunque él incidía más en la tontería de analizar hechos históricos según el contexto que vivimos también está relacionado en cierto modo con lo que estoy diciendo, que lo que en su día fue de una manera con el paso de los siglos se adapta a los intereses y se maquilla lo que sea necesario.

Quién sabe cuántas cosas ocurridas desconocemos y cuántas inventadas creemos sin lugar a la duda. Una mentira mil veces repetida acaba siendo una verdad, al menos percibida como tal, y eso pasa en cuestión de meses, imagina a lo largo de los siglos.

El claro ejemplo es la iglesia, que desoye los descubrimientos que minan su base; deberían pensar si el problema está en que la base sea un libro escrito por desconocidos que se contradicen en varias ocasiones, pero esa es otra película.

Por ello admiro tanto a esa gente que, como este juez, se animan a dejar escrita su vivencia, su visión de la historia. Siempre debemos saber que son visiones, que no son relatadas por robots sin conciencia, pero hoy que podemos leer lo que escriban los de todos los bandos podemos llegar a nuestras propias conclusiones, que no son verdades absolutas, pero son propias, y eso siempre es mejor que comerte lo que te dan sin importare lo que pueda ser.

 

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Cap. IV

Por Tankian - 10 de Junio, 2007, 13:00, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

Tuuuuuuu, primer tono… tuuuuuuu, segundo tono… tuuuuuuuu, tercer tono.

- Diga. - Contestó la desgastada voz al otro lado del teléfono, un anciano, pero aunque anciano su voz sonaba fuerte, una voz atronadora.

- Hola, ¿Geoffrey Gaunt?

- El mismo, ¿en qué puedo ayudarle? – En su voz empezaba a vislumbrarse cierta simpatía.

- Eh, sí, hola.

- Hola.

- Soy Charles Combs, de Castle Rock, le llamaba por lo de su librería.

- ¡Ah sí, claro! Ya me habían comentado algo de esto. En fin, que puedo contarle, soy un anciano y ya todo este traqueteo, que si un libro no se qué, que si tal cliente no se cuantos, me viene muy grande. Bueno, cuénteme algo sobre usted, no quiero dejar mi amada librería en manos de cualquiera.

- Oh, por supuesto señor Gaunt. Bueno, estudié filología inglesa en la universidad de Maple, llevo 17 años como dueño de una librería aquí en Castle Rock y en fin, amo la literatura y es el único oficio al que sabría dedicarme.

- Muy bien, muy bien. ¿Y cómo es que deja la gran ciudad para venirse a un pueblecillo como este? ¿No habrá hecho usted nada malo verdad, señor Combs?

- Oh, no por favor. – Contestó entre risitas tímidas y entrecortadas. – En fin, la ciudad trae mucho trabajo y está bien cambiar de aires de vez en cuando.

- De acuerdo. Pues en fin, ¡que diablos!, venga usted cuando quiera al pueblo y si le gusta es toda suya.

- ¿De verdad?, muchísimas gracias. ¿Cómo se llama el pueblo?

- Kickapoo. K, i, c, k, a, p, o, o. A la entrada del pueblo pase el cementerio, y pegadito a él se encuentra la librería.

- Muchas gracias. Mañana mismo voy para allá y le echo un vistazo.

- De acuerdo. En fin, ha sido un placer charlar con usted.

- Lo mismo digo. Y gracias de nuevo. Hasta mañana.

- Hasta mañana.

 

Por fin las cosas se enderezaban desde hacia mucho tiempo. Charlie colgó y se quedó sentado en la cama, sudando, con la cabeza gacha y suspirando, asimilando que iba a empezar una nueva vida, conocería gente nueva y los fantasmas de su pasado quedarían donde les corresponde, en el pasado.

Se levantó y con heladas gotas de sudor que surcaban su espalda cerró la puerta del dormitorio encaminándose hacia el salón. Encendió la tele y por un momento su cerebro, estúpidos y mecánicos montones de neuronas que le habían atormentado, por un momento le hizo creer que todo era normal, que veía la televisión, con una sonrisa boba que dibujada en su cara, que el sol reluciente se colaba como un ardiente espía a través de la ventana y que en cualquier momento sonaría el chirriar de la puerta y Laura aparecería con una caja de bombones y se sentaría a su lado a ver lo que la televisión quisiera mostrarles.

Pero no, no era así, pero por un momento se encerró en esa fantasía, que, al menos en aquel instante, le hacía sentirse tranquilo, mucho más tranquilo.

 

Cuando Charlie volvió al mundo real estaba en frente de un escaparate, una tienda de ropa, la favorita de Laura. Pero aunque volvía a ser consciente de su situación ya no estaba triste o apenado, pues se aferraba a la idea de su nueva vida, a cambiar, a la esperanza de despertar y ver que ya todo es diferente y que podría empezar de cero.

Siguió caminando, calle arriba para vender sus últimos libros en la librería Combs y para comenzar a despejar la librería para dejar hueco a su nuevo inquilino asiático. Tal era su esperanza que ya daba por hecho que aquella librería le encantaría, que no tendría que buscar más y que aquel pueblo, Kickapoo, se convertiría definitivamente en su nuevo hogar.

Abrió la librería y encendió las luces. Aquella mañana era esplendorosa; el sol brillaba, la gente caminaba feliz y parecía que todo el mundo se giraba hacia él y le guiñaba el ojo a través de los cristales como diciendo: “por fin, esta es tu oportunidad”. Todo un camino por delante. Aleluya.

 

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