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24 de Junio, 2007

Cap. VI

Por Tankian - 24 de Junio, 2007, 6:33, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

                                                              VI

Después del cementerio a la derecha, ahí debía comenzar todo. Pero, ¿por qué no podía Charlie comenzar de nuevo?, ¿por qué Laura le había seguido hasta aquí y para qué? Charlie nunca había creído mucho en esas historias de fantasmas y apariciones paranormales, pero ahora estaba sufriendo un tratamiento de shock contra eso, porque ella era real. Todo esto era lo que rondaba su cabeza mientras se acercaba lentamente, frotándose las manos para disimular el temblor, esperando ver aparecer la fachada de la librería.

Y una sonrisa apareció en el hasta entonces pálido y lúgubre rostro de Charlie. Paró el coche, abrió la puerta, se bajó y contempló la naturaleza que rodeaba el pequeño pueblecito.

Extensos prados verdes corrían a lo largo y ancho de lo que podía verse, toda la vista se inundaba en cataratas de la paz y la tranquilidad que los bosques rezumaban. El pueblo no debería acoger más de unas 300 personas, era un pueblo acogedor, como una estación del tiempo en la que el tren no había vuelto a pasar desde hacía mucho, mucho tiempo. Las montañas cercaban el condado entero, por lo que la carretera acaba en el pueblo. No podía encontrase nada a muchos kilómetros a la redonda, solo fina y húmeda hierba, majestuosos árboles y montañas sublimes que con sus redondeados picos se estiraban para rasgar el cielo sobre toda la vida y la muerte de la tierra.

Charlie dejó de sonreír. Subió de nuevo al coche y siguió su camino.

El cementerio estaba custodiado por una gran puerta de roca que mostraba grabados en los laterales. Charlie aparcó al lado del cementerio y se bajó para verlo más de cerca.

Al acercarse lo primero en lo que se paró a mirar fue aquellas inscripciones. No sabía que podrían decir, la verdad es que en general poca gente lo sabría, ni siquiera la del pueblo, pues aunque parecía inglés o algún dialecto parecido, estaba escrito en vertical y con símbolos desconocidos al menos para él entre las palabras.

Retrocedió un par de pasos para ver la entrada completa y esta eclipsaba casi totalmente el ligero sol que se escondía temeroso tras las nubes que se agolpaban sobre Kickapoo. Bajó la cabeza y entró en el cementerio, mirando a un lado y a otro, caminando lentamente como un turista interesado. El cementerio había sido edificado en un pequeño montículo y las tumbas estaban algunas medio derruidas y muy mal planificadas, como si se hubieran hecho con prisa. Otras tumbas sin embargo eran obras de arte, macabras, pero obras de arte. Pequeños mausoleos se desperdigaban por el cementerio. Figuras de la muerte arrancando el alma de personas moribundas con un rostro de pánico que sobrecogía tu propio espíritu, mujeres ahorcadas con los ojos abiertos, mirando al frente, clavando sus desorbitados ojos en los visitantes que la contemplaban, desafiante. Eso no le trajo buenos recuerdos a Charlie.

Siguió caminando y al llegar a la cumbre del montículo se encontraba en una planicie no demasiado grande, pero extrañamente no tenía ninguna tumba, o alguna estatua del alcalde o algo del estilo, sino que sólo había una cruz negra como la noche, y a sus pies una roca, una pequeña roca que decía…

- ¿Señor Combs?

- Oh, sí, soy yo, ¿es usted el señor Gaunt? – Contestó aun jadeando por el repentino susto.

- Ja ja ja, lamento haberle asustado, hay que estar preparado ¿eh?

- Sí, claro. – rió tímidamente, agachando la mirada.

- Es un recuerdo, de nuestros antepasados fundadores, todos los de este pueblo provenimos de los mismos antecesores.

- ¿De verdad?, ahora que estoy aquí podría informarme un poco.

- Ni falta que le hace hombre, lo que quiera saber me lo puede preguntar a mí.

- Bueno, la verdad es que me gusta leer e informarme por mí mismo.

- Usted verá, no soy su maldito padre.

Geoffrey Gaunt dio media vuelta y se alejó del montículo mientras Charlie recapacitaba frente a la oscura cruz que presidía el cementerio. A lo lejos creyó ver algo, como una figura, diluida como si fuese un reflejo en el agua que levantaba el brazo derecho sobre su cabeza. Era ella, seguro.

Cuando se dispuso a bajar, un cachorrillo subió trotando la colina y se paró junto a él. Era negro, como un color negro fuego con las patas marrones y el pecho y los dedos blancos. No debería tener más de unos pocos meses.

- Ey chavalín, ¿te has perdido? – Preguntó mientras se arrodillaba para estar más cerca de él.

El cachorrillo se le arrimó y se tumbó sobre sus piernas

- Sí, seguro que sí. Así que ahora te vas a quedar conmigo. Te llamaré… Hendrix, eso es.

Geoffrey Gaunt se acercó de nuevo.

- Entonces… ¿vamos a ver su nueva librería?

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