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Cap. VIII

Por Tankian - 29 de Junio, 2007, 12:53, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

VIII

Charlie esperaba, o más bien deseaba escuchar una respuesta sencilla, campechana, como: “bueno, me hago mayor y llevo en este pueblo toda la vida, quiero conocer mundo el tiempo que me queda”, una palmadita en el hombro y una carcajada bonachona, pero algo en su interior trataba de convencerle de que no era la respuesta que iba a obtener por parte del arrugado Geoffrey Gaunt.

- Bueno, la verdad es que es como una tradición familiar. Tengo 73 años, que es la edad a la que murió el primero de nuestra familia, y desde entonces vivos o muertos nos retiramos y dejamos el negocio a nuestro descendiente, pero claro, yo he tenido una vida muy célibe.- Lo cual suscitó una sonrisa amable en ambos.- así que aquí estamos, cumpliendo con la tradición.

- Bueno, esperaba algo más simple, no sé, más cotidiano.

- Comprendo que alguien acostumbrado a coger el coche todos los días y ponerse ese endemoniado cachivache en las orejas para oír música por la calle se sienta…no sé…se sienta incomodado ante estas cosas, pero le aseguro que aquí son algo de lo más normal.

- No, por favor, no me malinterprete, me refería a que es un motivo personal en el cual yo no tengo opinión ninguna. De todos modos, ¿no va a echar de menos esto?

- Bueno.- comenzó el viejo Gaunt, suspirando, mientras acariciaba la empobrecida madera de la enorme estantería.- la verdad es que creo que sí, pero bueno, quien soy yo para romper la tradición, ¿no?

- Hombre, la verdad es que si aun se encuentra usted con fuerzas y ganas de seguir podría no romper, pero sí atrasar un poco la tradición, incluso crear usted una nueva. Tal vez haya algo más por lo que usted no este cómodo aquí.

Y a las palabras las acompañó un silencio sepulcral, que aunque durase 5 segundos a Charlie le pareció una vida entera. El señor Gaunt cambió repentinamente su mirada, su rostro se enturbió, escrutando los pensamientos de Charlie, uno a uno.

- Mire, señor Combs, no entiendo muy bien que trata usted de encontrar, ni siquiera sé si usted mismo conoce aquello que busca, pero yo hablo claro y mis palabras han sido muy, muy exactas, ¿de acuerdo?

Charlie dudó por un instante ante aquel brusco cambio de actitud y, al rato, recobró el aliento.

- Claro, señor Gaunt.

Gaunt levantó sus canosas y pobladas cejas, sonrió y continuó con la conversación.

- Muy bien, ahora nos entendemos. Entonces, ¿pongamos que se lo dejo en unos 17 millones?

- Déjeme un momento para recapacitar.

- Por supuesto, pero no olvide su promesa, una respuesta inmediata.- Y Gaunt apuntó con su largísimo dedo hacia su frente, dando golpecitos lentos y sincopados, en un tono burlón pero agradable. Charlie sonrió. Gaunt sonrió.

Charlie salió a la entrada de la librería con el vaso de limonada aun fresca en la mano y miró a su alrededor. Charlie trataba de convencerse a sí mismo de que todo lo sucedido en su llegada al pueblo había sido un mal fario. A menudo pasa, una cosa te sale mal y entonces todo empiezo a derrumbarse cuesta abajo, pero, al final del despeñadero, siempre aparecía una librería preciosa que podría cambiar el rumbo de tu vida, ¿no es así?

No podía convencerse tan fácilmente. Algo le rondaba la cabeza, algo le detenía y clavaba sus uñas en su alma, succionando su voluntad y susurrándole, pero no entendía que decía la voz. ¿Qué quieres de Charlie?, ¿acaso no puede retomar su vida? Pero la voz no escuchaba, la voz hacía caso omiso, flotaba alrededor de Charlie y le sumía en un mar de dudas. Pero la voz se apagó y, entonces, Charlie se decidió.

Entró en la tienda totalmente convencido, con el paso firme y sereno para darle una contestación final a aquel extraño anciano.

- Me la quedo.

- ¿Está usted seguro?, le aseguro que luego no admitiré devoluciones.

- Le aseguro que no va a saber nada más de mí.

- Muy bien, entonces cerremos el trato.

Charlie y Gaunt estrecharon sus manos, ultimaron los detalles del traspaso y se despidieron.

Ya en el coche, al pasar por el puente, Charlie se detuvo sobre los tablones de madera. Apagó el coche y dejó caer su cabeza sobre el volante.

¿Qué quieres decirme?

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