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Cap. XI

Por Tankian - 6 de Julio, 2007, 12:48, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

XI

Charlie llegó a su nuevo hogar en la mañana del 4 de julio, cuando aparcó en el garaje de la casa pudo escuchar a poca distancia el bullicio del desfile, estiró los brazos y aspiró aire hasta que le rebosaron los pulmones; mientras soltaba el aire escuchaba los grititos de los niños y la música de la banda, y se dio cuenta de que al fin lo había hecho, había cambiado de vida y  si antes escuchaba discusiones y coches ahora eran niños y música. Que me aspen si eso no es un buen cambio.

Desde que cerró el trato con Geoffrey Gaunt hasta esa llegada definitiva había hecho el trayecto unas cuantas veces para acondicionar la casa (básicamente pintar y construir el garaje, ya que si la biblioteca le cautivó no lo hizo menos el resto de la vivienda), presentarse a los distribuidores de Gaunt y llevar las cosas desde el piso de Castle Rock, que esa misma mañana acababa de vender por 50 millones, por lo tenía un futuro bastante desahogado para pasarlo entre libros, quizá se animaría a ponerse a escribir, todo era posible.

En todos los viajes que hizo a Kickapoo aceleró al llegar al puente de madera con la radio a todo volumen, no hizo caso de un grito amortiguado detrás de sus ojos. El truco le funcionaba y con eso le bastaba.

Gaunt fue fiel a su palabra y al día siguiente de la firma de los papeles llenó una furgoneta de alquiler de cosas y se marchó, dejándole muebles, vajilla, electrodomésticos, herramientas, ropa de cama y demás como regalo de bienvenida. Charlie le mandó un cheque y tres botellas de buen vino a la dirección de contacto que le había dejado y al cabo de unos días recibió un  sobre que contenía una postal de Tijuana, una foto de Gaunt bailando con la cara enrojecida y una de las botellas de vino en la mano y el cheque.

Charlie sacó del coche un par de cajas y las colocó en la estantería metálica que había montado al fondo del garaje, en el último estante, el de las cosas de Laura. Al dejarlas las acarició por unos segundos como si el cartón fuera su piel, un cohete le sobresaltó y empujó la caja que estaba acariciando un poco hacia el fondo para terminar el gesto de la forma más natural.

Entró a la casa por una puerta que comunicaba el garaje con la cocina, abrió la nevera y sacó un poco de asado que había dejado allí cuando llevó la estantería. Sabía que el bricolaje no era lo suyo y fue previsor llevando comida para la larga jornada que le costaría montarla.

Mientras se calentaba el asado anotó en la libretita de imán de la puerta de la nevera que tenía que ir a hacer la compra esa misma tarde porque no tenía nada de nada exceptuando un par de manzanas y una botella de zumo  mediada. Allí no podía llamar al centro comercial y hacer el pedido a domicilio, y la verdad es que hasta eso le gustaba, esa pequeña aventura de entrar al pueblo por primera vez y buscar el supermercado, porque eso si que había, se lo había dicho Gaunt: <<Incluso me parece demasiado grande para la clientela que tiene>>

Subió al segundo piso con el recipiente de asado y se sentó a comer viendo la tele. Cuando la encendió emitían anuncios y cuando terminó seguían. Apagó la televisión y descorrió la cortina de la ventana de la salita; podía ver la carretera que llevaba al pueblo, si bien técnicamente en ese tramo ya estaba en Kickapoo, lo estaba desde que se pasaba el cartel <<ese gato colgado, destripado>>. Al otro lado de la carretera el arcen era una fina franja de tierra que acababa en un desnivel que daba al bosque, y es que según le había contado Gaunt una noche el pueblo se había levantado en un claro perfectamente circular en medio del bosque, nunca se supo cómo se había creado ese círculo perfecto.

Charlie había buscado el pueblo en el Google Earth aquella noche al volver a Castle Rock y efectivamente,  en el centro de la mancha verde del bosque destacaba el pueblo como introducido en una burbuja (ese pensamiento pareció rebotar en su cabeza como un susurro en una caverna). Dentro del círculo entraba, en su suroeste, el cementerio y el pequeño cuadrado en uno de sus vértices que era su casa.; justo delante de la casa surgía la carretera hacía el oeste como un brazo surgiendo del círculo, bajo la carretera la línea azul del río Lee, que marcaba el final del bosque por ese lado, en su  otra orilla el paisaje era amarillo y al este del pueblo pasaba lo mismo, más allá del pueblo se extendía un poco más el bosque y moría en un mar amarillo, esta vez sin la línea azul como límite.  El último pensamiento de Charlie antes de cerrar el programa lo anunció a su habitación en voz alta, lo cuál le incomodó.

-La carretera del puente es la única entrada y salida del pueblo, eso o correr (¿correr?) por el bosque.

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