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Cap. XII

Por Tankian - 7 de Julio, 2007, 0:22, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

XII

Mudarse implica muchos cambios, pero a Kickapoo aun más, y Charlie era consciente de esto. En gran medida era un intento de romper con su pasado, pero no todo había sido desgraciado, para nada. Aun quería conservar todas las cosas de Laura, y seguramente lo haría durante toda la vida.

Charlie se quedó contemplando la oscura pantalla vacía del televisor durante unos minutos tras apagarla. Era una Telefunken antigua, de aquellas que tenían los botones de los canales a la derecha y que al apagarla la imagen se iba diluyendo y concentrando hacia el centro, acabando en una delgada línea blanca, como si todo el universo se condensara en un solo punto y luego dejaba tras de sí un rastro blanco de polvo incandescente. Sacó un paquete de tabaco que había comprado antes de llegar a Kickapoo, cogió un cigarro del interior y lo acompañó con la mano suavemente hasta la boca, saboreando cada instante antes de encenderlo.

Tenía la costumbre de chupar el filtro antes de encendérselo para que este no se quedara pegado a los labios, hasta que dejó de fumar 7 años atrás. Cuando lo dejó Charlie llevaba 12 años fumando, a 2 cajetillas por día, sin tener ni una sola tregua en todos esos años, pero Laura no paraba de insistirle en que lo dejara día tras día, y así, logró finalmente convencerle. Pero ahora la situación era diferente y Charlie necesitaba volver a sentir el humo penetrando en sus pulmones.

Paseó por su nueva casa lentamente, sonriendo y con un cigarro entre los labios. Definitivamente, todo estaba empezando a mejorar.

 

<<No hay salida, sigue la luz de entre las ramas, corre, corre, ¡corre!>>

 

Al despertarse la cama estaba empapada en sudor. Recordaba haber soñado pero no sobre qué.

Salió de su casa y antes de subirse al coche se encendió un cigarrillo. Encendió el coche y en la radio, el locutor que pinchó “The End” el día que vino a ver la librería por primera vez parloteaba sobre grupos musicales, drogas y la decadente pero “enrollada” – se trataba de un viejo melancólico de sus años salvajes – juventud de los 60. Cuando este calló empezó a sonar Queen con la dulzura de los coros y el piano de “A New Life Is Born”. A Charlie le encantaba esa canción y esta era la mejor ocasión para escucharla. Con ánimos de entrar por primera vez en el pueblo Charlie metió primera y emprendió el camino de unos escasos 5 kilómetros hasta el núcleo del pueblo.

Al llegar aparcó el coche en el primer hueco que vio libre, aunque la realidad es que en el pueblo no había muchos coches por lo que había una infinidad de sitio para aparcar. Aquello era lo más similar al paraíso que Charlie podía haber imaginado jamás.

El señor Gaunt le había dicho que el mercado se encontraba cerca de la entrada del pueblo pero que preguntase por si acaso, que el pueblo por dentro era más grande de lo que podía parecer por fuera, por lo que lo primero que hizo Charlie fue preguntar a la primera persona que vio.

- Hola, perdone, ¿podría decirme dónde está el mercado?

Charlie no obtuvo respuesta. Era una señora anciana que iba con un paraguas a pesar de que había un sol resplandeciente justo encima de la plaza en la que se encontraban. Al mirar a su alrededor Charlie observó como la gente le miraba al pasar. Era un pueblo pequeño y un extranjero era siempre recibido como un misterio oculto. Finalmente la anciana reaccionó y sonrió exageradamente, soltando ruiditos agudos y entrecortados y con los ojos achinados bajo la sombra del paraguas.

- Oh claro joven, como no, le acompañaré y así también compro algo.

La extraña anciana agarró del brazo a Charlie y le acompañó con pasos cortitos. El cuerpo iba por delante de sus diminutos pies enfelpados por lo que parecía que siempre estaba a punto de tropezarse y estrellarse contra el suelo, pero eso no llegó a pasar.

- Es nuevo, ¿verdad?

- Sí, veo que lo han notado.- Contestó Charlie sonriendo.

- ¿Se va a quedar mucho tiempo aquí?

- Bueno, la verdad es que me encuentro muy bien aquí, así que de momento va para largo.

- ¿Y donde se aloja usted?- Continuó la mujer con su interrogatorio.

- He comprado la casa de Geoffrey Gaunt.

La mujer se paró en seco y agarró fuertemente el brazo de Charlie. Aquel comportamiento asustaba a Charlie pero la anciana seguía clavando sus ojos envueltos en arrugas en los suyos. Poco a poco su expresión fue derivando a una triste mirada de pena.

- No me diga que el señor Gaunt ha muerto.

Charlie suspiró aliviado.

- Oh no, por supuesto que no. No quería seguir con la librería y me la ha vendido a mí.

- Menos mal. Aquí es.

La anciana cerró el paraguas, dio media vuelta y se fue lo más rápido que sus piernas podían llevarla.

- Esa señora está un poco trastornada.- Le comentó Charlie a Laura, sonrió y miró al cielo.

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