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Empatía

Por Tankian - 25 de Julio, 2007, 0:56, Categoría: Paranoids

El hombre tararea el taconeo de sus zapatos italianos en el parking, mira la hora varias veces en el trayecto para escuchar el susurro de la tela acariciándole el antebrazo, se monta en el coche y se mira en el retrovisor, intenta alzar las cejas pero le duele porque su gesto natural es el ceño fruncido, el eterno enfado. Durante un segundo añora una cara, la suya, pero el tacto del volante le hacen volver en sí. Es grande y eso es lo que vale.

Hoy ha despedido a otro, un cuarentón que acumulaba demasiados retrasos porque su hijo está enfermo, o eso dice. Le ha llamado al despacho sin hablarle, con gestos, como se debe hacer. El personaje se ha quedado de pie delante de la mesa frotándose las manos en los pantalones, llenando de sudor asqueroso los pantalones del traje, el cerdo, con sus ojeras y el pelo pegajoso y esa vocecilla que es un gemido como si fuera  una puta vieja.

Cuando le ha puesto delante el finiquito se le ha quedado mirando y ha contado mentalmente hasta que el otro se ha puesto a llorar, a balbucear, a temblar…oh dios, se ha excitado y cuando el tipo se ha largado con su chaqueta barata en el brazo a cerrado con pestillo y se ha masturbado imaginando que se follaba a su mujer mientras él y su niño moribundo le miraban con los ojos vidriosos. Si eso no era poder qué coño importaba con lo bien que le sentaba.

El hombre llega a su chalet, deja el coche detrás del mini de su mujer y entra, cuando cierra la puerta emite un gemido y se le caen las llaves y cuando caen acierta a comprender que suenan como una sola llave.

No está en su casa.

Está en el extremo de un pasillo, a su izquierda un mueble blanco horroroso y una foto, un niño escuálido en una silla para niños pequeños y una mujer gorda sonriendo mientras le coge una mano.

El hombre avanza hacia la luz anaranjada que sale de una habitación, en la cama el niño de la foto es un adolescente desnudo con las piernas peludas y muy delgado que observa el techo con la lengua colgando. La gorda está arrodillada a su lado y le lava el culo con una esponja grande y llena de mierda, llora mientras lo hace y suspira, de vez en cuando para y le acaricia la cabeza al chico, que gruñe sin dejar de mirar al techo.

El hombre gira y sale corriendo de la casa y desde fuera es su chalet y su coche aún está caliente y coge el móvil y llama a su mujer.

-Oye…soy yo

-¿Cómo?...-es su mujer, suena rara

-Que soy yo, dónde estás?

-Disculpe, se ha equivocado, ¿por quién pregunta?-al fondo un hombre habla, dentro del chalet el chico ladra, o algo así.

-Mira, no estoy para tonterías…-se oyen unos chasquidos en la línea y habla un hombre

-Oiga, ya le han dicho que se ha equivocado, déjelo ya

-Tú….tú-es él, le ha reconocido la vocecilla, pero no habla igual, habla más alto y vocaliza más…habla como él (“como hablabas tú, imbécil”, dice alguien)

-Hijo de puta, a mí no me vas a…-la gorda sale llorando de la casa, se tambalea y grita, se acerca a él con las palmas de las manos goteando de algo que apesta

-Que te den-y cuelga.

La mujer se abalanza contra él y le abraza y tira de su ropa y huele a muerto, a podrido, el chico gruñe y el gruñido se multiplica y rebota como si el cielo fuera un techo y estuvieran todos encerrados. Él móvil cae y revienta y se queda parpadeando la pantalla y emite un zumbido que suena como una risa asmática. La mujer se derrumba y los gruñidos son más agudos y el coche no está, el chalet tampoco, todo es una habitación amarillenta y el chico se retuerce y se golpea la coronilla contra la cabecera de la cama y yo lanzo alaridos y el reloj se me funde en el brazo y desaparece debajo de la piel y el tic tac tic tac tic tac me está quebrando la cabeza desde dentro y la mujer repta por el pasillo y aparece al otro lado de la puerta suplicando y sorbiéndose los mocos y yo doy saltos porque no sé qué coño hacer y la puerta se cierra y por las esquinas unos altavoces invisibles escupen mi nombre “AL DES-PA-CHO” y lo repite sin cesar y entre vez y vez crepita como aceite hirviendo y el chico golpea la pared con sus garras y la mujer está abollando la puerta y escucho sus pisadas corriendo por el pasillo al otro lado de la pared y todo da vueltas y no sé quién soy y no quiero saberlo.

 

 

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