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Juanma, no estás solo

Por Tankian - 9 de Octubre, 2007, 0:07, Categoría: General

En estos últimos días he sido testigo directa e indirectamente de exhibiciones pedantes, algo que no me pasaba desde hacía tiempo, y espero que así siga. Lo curioso es que en todos estos casos recientes los pedantes emisores carecen de un conocimiento que descargue un poco de pesadez su comportamiento.

Yo fui un niño pedante, de esos que dan grima, seres petulantes que hablan como un señor y recitan lo que han leído a la mínima ocasión. Con los años me fui escapando de esa maldición y quizás como rechazo a la bestia durmiente en mi interior aborrezco cualquier manifestación pedante que me encuentre.

Lo peor es cuando me doy cuenta de que yo mismo estoy cayendo en la pedantería, cuando alguien me pregunta algo y no me limito a contestar, si no que cubro el pastel de nata, piñones, virutas, cerezas y un poco de polvo de cansino glaseado, y claro está, eso indigesta, es de digestión pesada. Cuando me doy cuenta de que estoy en ello cambió radicalmente de tema o me callo, dando un poco la imagen de trillao, lo cuál prefiero a dar la de pedante. Lo malo es las veces que no me doy cuenta, no quiero ni pensarlo.

La famosa frase de “Sólo sé que no sé nada” me parece magistral en su simplicidad y me viene como anillo al dedo para decir lo que quisiera ser y lo que no soporto en los demás, y cuando no me gusta algo en los demás no me gusta en mí mismo, o así debería ser.

Suele ocurrir que la gente que de verdad es sabia no habla de lo que sabe sin que se le pregunte, y algunos ni eso. La humildad creo que es el escudo de la sabiduría, y sin ella uno se convierte en un pedante, que es necesariamente algo relacionado con el saber, ni mucho menos.

Hay muchos blogs en los que sus autores saben mucho sobre algo y lo cuentan para el que quiera, o simplemente porque le gusta hacerlo; sin ir mas lejos podéis mirar mis enlaces y visitar el blog de Cziffra si os interesa la física, y ahí reside el quid de lo que quiero decir, en si os interesa (visitadlo de todos modos porque no habla solamente de eso),

Si uno deja plasma parte de su conocimiento en algún soporte para que quien quiera lo consulte está ayudando, alumbrando la posibilidad de que alguien que ande perdido decida desde ese momento ser físico, informático, escritor o actor porno, o lo que sea, que hay mucho para elegir. Defiendo ese mecanismo y creo que es una de las razones de ser de la red, siempre dejando claro que nadie tiene la verdad absoluta y que si te interesa algo consultes cuantas más fuentes mejor y luego te quedes con lo que te convenza, huye de lo absoluto y todo irá mejor.

Como comentaba, entre la gente verdaderamente culta escasea la pedantería, aunque existe, y en la gente que cree saber aumenta hasta niveles alarmantes, lo que yo llamo el pedante absoluto, el que ya ha perdido el rumbo.

Yo reconozco que si alguien te pregunta sobre algo que sabes puedes tender a explayarte, incluso pensando que el otro te lo va a agradecer, pero es difícil parar cuando uno debe, y cuando uno pregunta no corta al preguntado por delicadeza, cuando no es porque el parlamente que te está soltando te impide hablar.

Yo tengo una máxima que intento cumplir, aunque confieso que peco de vez en cuando y es que si alguien quiere saber algo me lo preguntará, y si me pregunta una cosa es eso lo que quiere saber, nada más. Me encantaría que se respetara eso conmigo, pero sé que es imposible.

El pedante absoluto es imposible de batir porque está seguro de que las fuentes de su sapiencia son tan absolutas como absoluta puede ser una fuente, y las demás son usurpadoras en potencia que amenazan su universo. Puedes citarle una fuente que no apoye su discurso, pero sus sentidos estarán sellados ante cualquier injerencia y lo mejor es asentir y esperar que otra víctima desvíe su atención.

Pongo como ejemplo a uno de los pedantes que he “disfrutado” en los últimos días; un señor de avanzada edad que viajaba dos asientos a mi izquierda en el metro el pasado sábado. Con él viajaba una chica que podría ser su hija que le hablaba sobre un documental que se pasó en San Sebastián en el que se veía a un oso polar hundirse al avanzar por el hielo, ya que éste era extremadamente fino y no soportaba su peso. Tras comentarle la escena (el señor ya negaba mecánicamente, algo habitual entre los “absolutos”) la chica lamentó que el cambio climático estuviera provocando algo así, que vaya pena.

Realmente la chica finalizó la frase con su vocecita sepultada por el tronar del vozarrón pedante, que dio una clase magistral durante tres paradas (unos 6 minutos, menos mal) sobre la mentira del cambio climático, citando fuentes de cuyo nombre no podía acordarse que no dejaban lugar a dudas. El hombre no comentaba ni discutía, estaba asegurando algo, diciendo lo que hay, y lo demás no existe, y eso es lo que define a un absoluto, la aniquilación de una respuesta.

Como con muchas cosas desde hace tiempo con los pedantes he perdido ardor guerrero y simplemente los contemplo con curiosidad, no me violentan como antes, en parte porque nunca se sabe si pueden morderte y acogerte en la banda, más yo con un pasado tan pedantón.

Por si alguien se siente aludido adelanto que todos los casos que he presenciado últimamente me han llevado a escribir esto, ninguno en particular, principalmente porque no ha llegado el día en el que alguien así me pueda inspirar más de un pobre párrafo.

Alguien muy sabio, y seguro que humilde, dijo aquello de que “Antes de hablar, asegúrate de que lo que vas a decir vale más que el silencio” (o algo así). Pues a aplicárselo, yo el primero, que falta me hace.

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