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Mi primera Pesadilla

Por Tankian - 10 de Octubre, 2007, 23:54, Categoría: Cine

Cuando llego al trabajo lo primero que hago es leerme el “20 minutos” empezando por la página de programación de TV para ver quién va a “Buenafuente”; desde hace tiempo sólo veo su programa si el invitado me interesa,  porque por lo demás es demasiado monótono, con algún punto destacable de vez en cuando.

Hoy me he llevado una agradable sorpresa y veré el programa porque el invitado es el gran Robert Englund, que va a recibir un homenaje en el Festival de Sitges y el equipo de Buenafuente ha estado alerta en ese aroma friki que siguen emanando en ocasiones (como cuando llevaron a Bud Spencer, otro icono) y le han invitado.

Si te preguntas quién es Robert Englund o no eres muy friki o simplemente no eres de mi generación, porque en cualquier catálogo de imágenes ochentenas le vas a ver por lo menos una vez (maquillado), aunque lo normal es verlo otra más con su carita al descubierto.

Robert Englund era Willie, el lagarto bueno de la mítica serie “V”, esa en la que una malvada jamona se comía las ratas sin aliñar (qué boca, pensábamos algunos revolucionados), un papel secundario pero que se ganó unos cuantos seguidores.

Pero el personaje por el que Englund pasa al olimpo de muchos cinéfilos y no tan cinéfilos es Freddy Krueger, el crack de las cuchillas.

“Pesadilla en Elm Street” fue la primera película de terror que vi, lógicamente a escondidas, en casa de un vecino (mi vecino Eduardo, ya recordado más de una vez en este blog), a los 6 o 7 añitos. ¿Por qué me dio por verla a esa tierna edad? Pues porque oí a Eduardo comentarle a mis padres que le habían pasado una película nueva “acojonante, muy fuerte”, y eso en mi mente ya con tendencias oscuras sonó como el gran Ludwig al drugo Alex.

El caso es que conseguí hacerme el dormido una noche de verano en el que cenamos en casa de Eduardo (vivíamos puerta con puerta) antes de bajar a las barracas de hogueras en nuestro barrio. Pegué la cara al respaldo del sofá porque no confiaba del todo en mis dotes como actor y me concentré en el sopor de la tela en la nariz para que no me despertaran. Funcionó, decidieron bajarse a la fiesta y dejarme las llaves de casa en la mesita del salón junto a una nota para que no me asustara al despertarme sólo y desvalido en terreno ajeno. Ilusos.

Cuando el sonido de los pasos por las escaleras se extinguió me levanté como un gamo y cogí la película en la más completa oscuridad (había planeado perfectamente la jugada y tenía localizada la cinta cuál ninja frente al enemigo). Entre la película en sí y la tensión ante cualquier sonido en las escaleras cuando acabé de verla estuve media hora sentado en el trono frotándome los ojos por si volvían poder ofrecerles una cara de niño adormilado. No hizo falta, cogí las llaves y me fui a casa a intentar dormir.

Vista con el paso de los años (la habré visto unas 6 o 7 veces) no da miedo, aunque mantiene ese ambiente genuino tan copiado posteriormente y principalmente el carisma de Krueger, un personaje de esos que cualquiera que escriba le gustaría haber inventado.

Un asesino de niños es víctima de la venganza de los padres y es quemado vivo. Vale, sólo con eso se pueden escribir bastantes cosas interesantes, pero no queda ahí la cosa.

Si a un hombre tan horroroso como Krueger le matan se acaba la historia, una historia muy oscura pero no distinta a tantas sobre asesinos de niños que inundan la historia del cine (esa maravilla llamada “M”, de Fritz Lang) y, desgraciadamente, las noticias (el pedófilo de USA que ha mantenido secuestrado a un niño los últimos 4 años). Si hay alguna forma de apretar aún más las tuercas es lo que hizo Craven (Wes Craven, el director), resucitar al asesino, o mejor aún, hacerle inmortal.

Así que un asesino de niños es asesinado por los padres del pueblo pero no desaparece, si no que sigue actuando…horripilante el panorama, pero se puede acojonar más, darle un toque mítico, dotar a Krueger de algo que despierte un miedo atávico y que los espectadores tengan en común. Para que te mate un Jason tienes que ir al camping, para que te coma un tiburón tienes que meterte en el mar, para que te despedace Leatherface tienes que quedarte tirado  en un lugar desértico por donde pulule una familia de psicópatas…todo eso podemos evitarlo si nos lo proponemos, pero hay algo que no podemos saltarnos. Efectivamente, tenemos que dormir, tarde o temprano caeremos en el sueño, el tito Wes nos pilló en esa.

Claro, Krueger vuelve a la acción en sueños, mata a los hijos de aquellos que le mataron, y luego al resto de jóvenes de Springwood cuando se duermen, y lo hace porque es algo que todos podemos imaginar sin mucho esfuerzo, porque desde hace muchos siglos se ha hablado de lo maligno que nos acecha cuando nos dormimos ( no recuerdo ahora de quién era un cuadro que siempre me ha inquietado llamado, más o menos, “El sueño de la razón produce monstruos”), por muchas razones que hacen que funcione este recurso.

Además el mundo de los sueños da mucho juego para una película, y Craven fue muy listo al usarlo a su gusto, porque los sueños no tienen reglas, las reglas las pones tú, en la película Krueger, y contra eso poco puede hacerse.

En fin, que me ha encantado recordar esa película, que a ver que se cuenta Englund esta noche y que seguiré recordando mis películas de terror, que se me ha abierto el apetito y sólo con esta mira qué rollo he soltado.

Y eso que sólo del tío Freddy hay siete más “Freddy Vs Jason” más la serie “Las pesadillas de Freddy”.

Bueno, no olvidéis tener algo afilado en la mesilla de noche cuando vayáis dormir.

Nunca se sabe.

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