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24 de Octubre, 2007

Cap. XVI

Por Tankian - 24 de Octubre, 2007, 11:52, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

XVI

La luz de la luna se colaba por entre las rejillas de la persiana. A pesar de que las ventanas se encontrasen cerradas la casa estaba congelada y de la boca de Charlie escapaban espirales de vaho a cada bocanada. En la casi completa oscuridad de la habitación solo se podía distinguir el reflejo de los ojos de Hendrix, que le observaban a lo lejos, tumbado en la cama.

- ¿Hay alguien ahí? – Preguntó a la inmensa oscuridad, suplicando no encontrar respuesta por su parte.

Y por supuesto no la hubo, pero en su lugar los peldaños de la escalera comenzaron a crujir, y pasos cortos y rápidos avanzaban hacia el piso de abajo ;Charlie respiraba a toda velocidad, con el pulso golpeándole el corazón como si tratara salir de él.

Las gotas de sudor frío, que con el aire gélido de la habitación arañaban la cara de Charlie, descendían velozmente para acabar en las comisuras de sus labios, mientras en su cabeza las voces le susurraban que podía hacer. Le decían: “huye, sal corriendo de esta puta casa” o “coge un palo y líate a hostias con lo primero que pase”, pero el seguía petrificado en el suelo, de cuclillas bajo el escritorio con la mirada fija en lo que al menos él creía que eran las escaleras.

Los pasos se detuvieron a su lado. Su corazón se encogía por momentos y las voces gritaban cada vez más y más alto, no sabía que hacer y el temblor que recorría su cuerpo no le permitía pensar fríamente. Y cuando estaba a punto de salir corriendo, aquello que había bajado las escaleras le lamió la cara y se pegó a su tambaleante cuerpo, mientras sollozaba apenado. Sintió un alivio indescriptible cuando se dio cuenta de que se trataba de Hendrix, pero cayó en algo; entonces, ¿quién estaba en la cama?

Cuando levantó la vista para volver a mirar a la cama, aquellos ojos no estaban. Intento tranquilizarse pensando que realmente habría sido Hendrix, pero no servía de nada, por dentro sabía que no era él, que algo o alguien más estaba en la casa.

El crujir de la moqueta detrás suya le hizo girarse como un relámpago y allí volvió a verlos. Aquellos ojos brillaban con una luz propia, le observaban fijamente, pero a la vez se sumergían en su interior y sentía como si le retorcieran las tripas y el corazón. Aquellos pequeños faros se encontraban a escasos 10 centímetros suyos, y a su vez podía oír un leve y fatigoso gemido que emanaba de algún orificio de esa criatura invisible, y, en un segundo plano, unas voces lejanas gritaban y sollozaban palabras ininteligibles, como en un torbellino del que solo emitía chillidos de dolor.

Entonces Charlie se desmayó.

 

 

<<No hay salida, sigue la luz de entre las ramas, corre, corre, ¡corre!>>

 

 

El perro comenzó a lamer la mejilla de Charlie, mientras este se encontraba tendido en el suelo. Cuando se incorporó en la cama se llevó la mano a la nuca y palpó lo que parecía un inminente chichón que seguramente le iba a amargar el día. No recordaba nada de lo sucedido, algunos flashes recorrían su cerebro pero sin llegar a pararse, lo que le daba un recuerdo muy poco nítido de lo que había vivido aquella noche anterior. Lo que si recordaba con total claridad era la llamada del inoportuno Geoffrey Gaunt, el cual, no entendía Charlie muy bien por qué motivo, le había gastado una broma de muy mal gusto, por lo que cogió el teléfono para llamar al bromista moribundo. Charlie sonrió pensando que desde hacia unos días siempre que se levantaba de la cama lo primero que hacía era hablar con el señor Gaunt, y tras ese breve pensamiento, marcó el número del móvil.

- Hola, buenos días señor Gaunt, ¿se divirtió usted anoche?

- Le parecerá bonito, hay que tener poca vergüenza y mal gusto.- Contestó una mujer a la que Charlie no había conocida jamás en su vida. Y colgó.

Charlie se apartó el teléfono de la oreja y lo miró extrañado. Intentaba recordar si había marcado bien el número y estaba totalmente convencido de que así había sido. “Se habrán cruzado las líneas”, pensó, y así abandonó el teléfono en el escritorio y se dirigió a la habitación para cambiarse.

Aquellos ojos, ahora lo recordaba. La simple imagen de aquellos ojos felinos escrutándole le paró el corazón. ¿Qué podía ser? ¿Quién podía ser? Prefirió no seguir pensando y fue metiendo poco a poco las piernas en los roídos pantalones vaqueros, y en cuanto se los subió hasta la cintura llamaron a la puerta.

- Señor Combs, ¿está usted ahí?, ya le dije que vendría.

Y al oír la voz de Gaunt, Charlie enmudeció.

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A contracorriente

Por Tankian - 24 de Octubre, 2007, 0:30, Categoría: General

Un chiste:

Un tío que va en coche por la autovía y escucha en el boletín:

-Atención, atención, se advierte a quien estén circulando por la autovía de que hay un conductor suicida circulando en sentido contrario.

El hombre se alarma y asoma la cabeza por la ventanilla:

-¡¿Uno?! ¡¡Pero si van todos en dirección contraria!!

 

Es malo, sí, pero me sirve perfectamente para la sensación que tengo desde hace tiempo. No sé si soy ese tío, si realmente van todos en dirección contraria menos yo, si en vez de la autovía esto es una comarcal y por eso me encuentro solamente con despistados y gente extraña.

No se me escapa que lo más normal es que sea yo el que está en otra dimensión, ahí reside la gracia del chiste. Cada vez tengo más claro que me engaño, que estoy perdiendo la noción de todo y que mis convicciones son alucinaciones, puede que naciera con un tumor como desde pequeño soñé y se está manifestando de esta manera, presentándome a la gente que me rodea como inútiles, mentirosos o directamente malas personas.

Por ejemplo, durante un par de años estuvimos aguantando en el trabajo a un anciano trepa, por extraño que suene, un comemierdas más. Cuando conseguimos que le cambien de sitio traen para sustituirlo a la hija de un gerente de la empresa que el primer día ya avisó que tenía una salud dedicada y faltaría a menudo. Efectivamente, lo raro era verla aquí, y cuando estaba tampoco se notaba mucho la diferencia.

Ahora, desde hace dos meses, le sustituye un tipo que ronda los 60 y es de esa raza que ya comenté hace poco, los listos, los que nacieron sabiendo y van sobrados, los que no aceptan consejos ni rectificaciones, y si eso fuera poco resulta que es un puto inútil que no sabe hacer la O con un canuto. Y claro, como le digas que no sabe algo o que ha hecho algo mal te la monta, porque el problema no es que él falle, es que alguien se lo diga.

Entonces, son los dos realmente imbéciles o yo soy un gilipollas que está cegado por la ira interior? Me siento como Johnny Depp en “Miedo y asco en Las Vegas” viendo a la gente como monstruos, y el monstruo soy yo.

Cada vez me gusta menos la gente porque les cojo manía con más facilidad, siento que no necesito aguantar a nadie que me ponga nervioso y aguanto por aquello de ser sociable. Me pongo nervioso con cosas que para mí son insoportables y puedo que sea una enfermedad.

El domingo por la mañana en la radio una psicóloga contestaba una llamada sobre una chica que no soporta los ruidos que pueda hacer la gente, hasta el punto de sentir rechazo hacia quien sea. La psicóloga decía que es un asunto que se suelo tomar a la ligera pero que puede ser indicativo de problemas serios. Pues es mi caso.

No soporto que la gente haga ruidos, ni comiendo, ni durmiendo, ni cuando yo estoy pendiente de algo…por suerte sólo vivo con mi pareja y no es especialmente ruidosa, aunque tiene sus momentos, probablemente menos que yo. Y ahí reside el problema, en que puede que yo sea ruidoso, por lo pronto ronco a menudo, y le cojo asco a la gente que es ruidosa, por lo que yo sería asqueroso para mí mismo si me viera desde fuera, y cuando uno no se gusta todo va mal.

No entiendo a la gente que conozco, y cada vez menos, me violentan cosas que no deberían importarme, me pone nervioso que la gente no se interese de lo que debería interesarse, de cómo funcionan las cosas que se compran, de cómo se arregla algo, de qué puede gustarle o no gustarle…es como si hubieran puesto algo en el agua para que la gente no piense y no le importe. Yo debo ser inmune porque en comparación me importa todo, hasta lo que realmente me la suda, porque con saber cómo usar lo mío me debería sobrar, pero no es así.

Otra cosa es que la gente es pasota, pasa de todo, no ya de sí mismos, que ahí les den por culo, si no del prójimo, del sentido común, de la coherencia…la gente me sorprende cada día, todos los putos días me ofrecen representaciones de subnormalismo extremo y siempre consiguen superar lo anterior, a veces da ganas de aplaudir porque es tal la avalancha de lobotomizados que uno piensa que interpretan, que son actorazos que mela han metido doblada.

Pero claro, mi preocupación es que es imposible que la gente sea tan imbécil, tan ignorante y tan ridícula, que seguro que soy yo el desgraciado que ha perdido la cabeza y por eso todo el mundo me da cosa, no sé qué prefiero, ninguna de las dos posibilidades me hace feliz.

Lo de la incultura, la borreguil alegría del no saber, me supera más que todo. Veo cómo está de moda no saber, y no ya saber, que el que suscribe tiene el conocimiento justo para pasar el día, si no el que no importa no saber, incluso hasta mola. Ves encuestas en la calle y se te caen los huevos a la alfombra. El otro día unas preguntas de cultura general en el campus (caaaaaampussss, qué palabra, un caaaaammmpusssss universitario, se supone que la gente allí va a saber cosas) de la complutense…la mayoría de la gente no sabía quién era Franco, ni Carrillo…y todos y todas cerraban el mugido copn una risotada..una jodida risotada ¿por? ¿es gracioso no tener ni puta idea de la historia reciente de tu país, siendo un universitario? ¿para eso se han defendido bibliotecas de ataques, se ha matado a gente por enseñar, se han quemado libros…para que la gente se mee de la risa por no saber una mierda? Como decía Jesús Quintana, Diosssss Mío Tiiiiiooo…en esto prefiero incluso estar loco, todo menos ser un zombie babeante que lanza risotadas a la manada.

Podría seguir desahogándome páginas y páginas y la mala hostia no cesa, incluso aumenta, y es que o el paisaje se ha emborronado para siempre o mis ojos cayeron en la locura hace demasiado tiempo. No lo sé, ni me importa.

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