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Cap XVII

Por Tankian - 1 de Noviembre, 2007, 19:14, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

XVII

Las sienes comenzaron a latir con furia, sonaban como unos bongos detrás de los ojos; Charlie caminaba balanceándose a la puerta, todo oscilaba como si la librería estuviera en un barco y éste en una maldita tormenta. Una silueta se adivinaba tras la cortina de la puerta, también se balanceaba.

Volvió a sonar el timbre y la silueta se acercó un poco más:

-Señor Combs,…¿hola?

Charlie descorrió los pestillos, giró el pomo, que se le escurría, y apretó los dientes ante su primer encuentro cara a cara con un muerto viviente. El señor Gaunt llevaba una visera roja con letras blancas y le hablaba:

-Buenos días, le traigo su compra, lamento haber tardado tanto pero tuve que…-Charlie soltó el aire con tanta violencia que el chico hizo una pausa y, al ver que se mantenía en pie, reanudó el saludo-…ir a la ciudad y al volver tenía varios pedidos acumulados-

-Bien, acerca el coche al garaje, por ahí llegarás antes a la cocina-

-Vaya, es garaje es nuevo, es un buen añadido, señor Combs, sí señor- el chico tendría unos 17 o 18 años, era un poco más alto que Charlie, lo parecía más aún por lo delgado que estaba, el pelo rubio sucio le caía desordenado sobre la nuca, sonreía entrecerrando los ojos y hablaba con una corrección que no cuadraba con su estética juvenil. Le cayó bien a Charlie desde el primer momento- entonces allá voy

-Muy bien, yo voy a la cocina y te abriré desde dentro-

La visita del muchacho y el soleado panorama a su espalda despejaron a Charlie como un cuenco de agua fría. Las oscuras imágenes de la pasada noche resultaban ahora ridículas y no podía hacer otra cosa que avergonzarse de su infantil comportamiento.

Charlie se dirigió a la cocina silbando, abrió la puerta que comunicaba con el garaje y lamentó no tener un poco de limonada o similar que ofrecer al repartidor; abrió el congelador, al menos había una cubitera medio llena.

Cuando se metieron todas las bolsas el suelo de media cocina había desaparecido bajo la avalancha. Charlie recordaba haber gastado una buena cantidad, pero no imaginaba que hubiera dado para tanto.

Sirvió cola en un par de vasos y los llenó de cubitos de hielo hasta que el refresco amenazó con desbordarse. Mientras lo bebían Chuck, que así dijo llamarse el muchacho, le contó que hacía repartos en el supermercado como algo temporal porque se le daban bien los ordenadores y después del verano haría la prueba de ingreso para la escuela Flix de informática de Castle Rock, cuya sede casualmente estaba dos locales más allá de la antigua librería de Charle, de hecho hacía pedidos de libros de informática exclusivamente para los alumnos, y de paso varios de ellos barrían con las novelas de fantasía, todo tipo de refritos del señor de los anillos y cómics en edición lujosa.

Chuck le contó que vivía con su padre, que trabajaba en el taller al este del pueblo, y con su hermana Lisey, que tenía treinta años y era una solterona que seguía saliendo con sus amigas solteronas y atontadas, según las propias palabras de Chuck. Charlie no le preguntó por su madre, y el chico tampoco comentó nada al respecto, si bien los dos callaron durante un minuto y el silencio se rompió cuando el teléfono sonó en el interior de la casa. Chuck se despidió y salió al garaje cerrando la puerta a su espalda.

Charlie llegó al teléfono sin dejar de silbar:

-Sí

-Señor Combs

-Yo mismo

-Soy Ed Siten

-Siten…

-Amigo del Geoffrey

-Ah, sí, ¿en qué puedo servirle, Ed?, justo pensaba llamar al señor Gaunt después de comer

-Le llamaba porque Geoffrey sufrió un infarto la pasada madrugada

Charles separó el auricular unos centímetros, se le llenó la cabeza de algo negro, formas entremezcladas que vibraban, pero no podía identificar nada, eran sensaciones. Escuchó como Siten le llamaba a lo lejos, volvió a pegar el auricular a la oreja

-Dios mío, Ed, lo siento tanto

-Le llamo porque Geoffrey hablaba muy bien de usted, y realmente estaba aliviado dejando el negocio en sus manos. Estoy seguro de que de haber podido le habría avisado- Charles buscó sorna en el tono de voz de Siten, pero parecía pura tristeza sincera-, por eso lo hago yo

-Muchas gracias, Ed, cualquier cosa que pueda necesitar, ya sabe dónde encontrarme

-Gracias, señor Combs, un saludo

-Un saludo

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