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19 de Diciembre, 2007

El divino Ludwig no hizo daño a nadie!!!

Por Tankian - 19 de Diciembre, 2007, 0:32, Categoría: Cine

Después de unos días de ensimismamiento no falto de sufrimiento vuelvo por estos lares con una idea reafirmada: Me rodean inútiles y gilipollas.

En estas dos semanas no he hecho gran cosa aparte de leerme un libro sobre las consecuencias de 11-S y 11-M (los que conocen mi otro blog habrán visto el título), algunas revistas y pare usted de contar. El resto del tiempo no lo he dedicado a nada productivo, y eso que la mayor parte ha sido en el curro. Aún tengo pendiente terminar las revistas del mes y empezar un libro de fantasmas con la esperanza de que me guste y lo pueda terminar antes del día 27, que cumple el plazo de la biblioteca. Son nueve días para un libro, sí, pero visto como anda mi cabeza  no lo veo sencillo.

Hace muy poco se cumplían muchos años, exactamente 237, del nacimiento de Ludwig Van Beethoven, y como no soy especialista en  su vida y obra quiero recordarlo hablando de otra película más para el saco de las que mas miedo me han dado. Por ahora no se parecen mucho entre ellas, por suerte.

Si le pides a algún aficionado al cine que nombre una película relacionada con Beethoven muchos contestarán “La naranja mecánica” , del maestro Kubrick.

Muchos dirán que no es una película de terror, y si somos estrictos es cierto que no es una película de género pero a la hora de recordar estas películas hablo de lo que me ha dado miedo a mí, y es algo muy subjetivo, no me ciño a ningún tipo de clasificación, es mi estómago el que me las recuerda.

Leí la novela de Burgess después de haber visto la película varias veces y creo que es una buena adaptación, aunque Burgess no pensaba lo mismo, sobretodo se quejaba de que no se incluyera el epílogo del libro, al que daba gran importancia seguramente no sin razón, pero cierto es que el final de la película es tan genial que yo perdono la omisión.

“La naranja mecánica” me da miedo porque creo que es una historia adelantada a su época y lo que ahí parece algo fantástico hoy no lo es tanto. Podríamos hablar de la pérdida de ciertos valores, de una juventud embrutecida y sin los roles sociales asimilados,…el análisis de la historia podría llenar varios libros si analizamos el panorama actual.

Lo primero que me asusta de la película, más ahora que antes, es la palabra “ultraviolencia”, me parece un término poderoso en sonoridad y significado y no puedo evitar que me perturbe. La ultraviolencia es real y tiene algo que atrapa a mucha gente, más fácilmente a personas sin la personalidad formada o atrofiada, como los dos chavales de “Funny Games”, la última película que comenté. La ultraviolencia me hace pensar en Columbine, el tiroteo de hace unos días en un centro comercial en USA, el chaval que colgó en youtube sus mensajes antes de liarse a tiros en el instituto…me hace pensar en alguien que mata sin sentir nada, ni siquiera odio, en humanoides que disparan y de los que no se puede esperar nada, con los que no hay esperanza. La ultraviolencia es para mí alguien que te apunta con un arma y que tiene los ojos muertos, por eso sabes que no hay escapatoria.

La película descansa en cuatro pilares sólidos: la historia, la dirección, el  protagonista y la música.

De la historia ya he hablado, su aterradora clarividencia permite que siga manteniendo su fuerza.

La dirección de Kubrick hace que uno no se imagine otro director adaptando la novela. La apuesta por la estética de la película no es imaginable en otros directores, una apuesta que sigue siendo rentable con camisetas, muñecos, posters y demás que mantienen vigentes iconos de la película como las pestañas postizas de Alex, el primoroso plano en el túnel, el gigantesco falo de cerámica o Alex y su casco, sus ojos desorbitados… son tantas las imágenes de la película que perduran que es innegable la visión de Kubrick, su pasmosa habilidad para generar iconos.

La interpretación de Malcolm McDowell es de esas que repercuten en la carrera de una actor para bien y para mal, y si bien seguramente sin este papel McDowell no habría sido “Calígula” el caso es que no ha tenido la carrera que seguramente habría merecido su talento, y es que un personaje como Alex tiene que marcar y cuando un actor se funde de esa manera con su trabajo puede pasar que no se le llame para hacer otra cosa.

Lo primero que nos muestra la cámara es un primer plano de Alex, la cámara se aleja  hasta que vemos dónde está y con quién, mientras él lo explica en off.. Para mantener ese plano como lo hace McDowell hay que saber actuar, y tanto que hace falta.

Es de una importancia capital la pasión de Alex por Beethoven por varias razones. Es una forma de que mantengamos un lazo con Alex, un resquicio por el que ver algo humano, porque un monstruo no puede gozar con la música, aunque sea la de Ludwig.

En contra de la opinión de muchos puristas me parece un acierto el trabajo de Wendy Carlos con su particular interpretación de varias piezas del genial sordo. Eso sí, la música original que escucha Alex antes de acostarse la primera vez que vemos su habitación es uno de los mejores momentos de la película.

Podría decir muchas cosas más sobre esta obra maestra, son muchas las virtudes, entre ellas que desde que la ves “Singing in the rain” ya no te recuerda sólo a Gene Kelly bailando con el paraguas.

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