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Cap XXI

Por Tankian - 29 de Junio, 2008, 13:22, Categoría: PROYECTO KICKAPOO

XXI

Annie Wilker siempre había sentido celos de su hermana, es un hecho innegable. La primera vez que Laura llevo a Charlie a cenar a casa, Annie se pasó la noche retorciéndose los dedos de las manos por debajo del mantel y echándole miradas fugaces, deseando que no la viera y a la vez que le sonriera. Charlie no le hizo ni caso y ella se enfadó, si bien en cuanto se puso el pijama se masturbó, lo que fue habitual durante el noviazgo de su hermana.

En la boda de Laura y Charlie, Annie conoció a su marido y con eso parecía que el destino había decidido marcar una línea inequívoca entre esa época de pasión oculta y otra más madura y convencional.

El deseo que aún seguía latiendo en su interior desapareció una noche cuatro años después de la boda de Laura.

La piscina del Holiday Inn de Praise City, sobre las dos de la madrugada; Annie acababa de divorciarse tras pocos meses de matrimonio y su niño dormía en la habitación. Para superar la situación, Laura había propuesto que Charlie, Annie, Roddie y ella misma pasaran unos días en un parque natural sobre el que había leído, cerca de la frontera con Canadá. Viajaron los cuatro en el monovolumen de Annie, cantando canciones horteras o coreando a los predicadores que crepitaban desde las emisoras locales entre anuncios de pollo frito y repuestos para tractores. Lo pasaban bien.

Aquella noche Annie se despertó con ganas de fumar y decidió salir a dar un paseo para no despertar a Roddie. Le despertaron las voces de Charlie y Laura, que aunque no gritaban exageradamente era evidente que discutían.

Aún a esas  horas el aire caliente se pegaba al cuerpo y Annie se sentó al borde de la piscina, encendió un cigarro y se tumbó con los pies metidos en el agua, observando el humo perdiéndose contra el cielo negro.

Charlie tapó el firmamento como un eclipse, se paró con los pies a los lados de la cabeza de Annie. Sonreía. No fumaba.

.Qué hay, Annie. Dame un cigarro.

Se tumbó a su lado, muy cerca, el dorso de la mano posada en su cadera…

…sonó el teléfono y Annie se dio cuenta mientras se levantaba para cogerlo de que estaba temblando. Miró la pantalla del teléfono, era Charlie…casualidades.

Colgó convencida de que él la habría notado nerviosa, demasiado simpática, chillona…No se movió, se mantuvo con la mano sobre el teléfono esperando la llamada <<Llámame paranoico, querida, pero me ha dado la sensación de que estabas recordando cosas feas>>. No hubo llamada.

Fue a la habitación y bajó la bolsa del altillo del armario, una bolsa negra que crujía escandalosamente cada vez que detectaba un dedo sobre ella. La dejó sobre la cama y sacó la cámara de video; aunque sabía de sobra que no estaba abrió el compartimento de la cinta para comprobar que no estaba ahí y volvió a preguntarse para qué quería Charlie la cámara.

Fue él mismo el que se la dio y le dijo que la tirara o hiciera con ella lo que quisiera porque él no quería tenerla cerca. Aún no sabía por qué la guardó en el armario,  se había olvidado completamente de ella, por eso cuando Charlie le preguntó si la conservaba tardó en reaccionar.

Con esa cámara habían grabado aquellas vacaciones en el parque natural, el nacimiento de Charlize (Charlie insistió en que debía grabar el parto. Laura nunca preguntó a su hermana quién era el padre) y su querida hermana, su amada Laura, había grabado una despedida y había puesto el broche salpicando el objetivo con sus sesos.

Cuando acabó el día Annie se sentó en el salón para ver un rato la televisión; los niños dormían en sus habitaciones y ella se había olvidado de sus recuerdos de esa mañana y había decidido llevarle la cámara a Charlie el viernes aprovechando que los enanos tenían natación. Se durmió en el sofá mientras Peter Lorre silbaba con una M en la espalda.

En la niebla del sueño ese silbido flotaba sobre la piscina, produciendo ondas que crecían y se estrellaban contra los bordes. Charlie posó la mano sobre su muslo y le susurró algo al oído:

-Voy a matar a tu hermana, Annie, pero antes te voy a follar.

Despertó sobresaltada.

Era un sueño, eso no pasó en aquella piscina, no pasó.

La bolsa negra emitió un crujido casi imperceptible desde el mueble de la entrada, como un gemido o un recordatorio.

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